Estoy corriendo con todas mis fuerzas sin mirar atrás. El corazón me va a mil, las piernas empiezan a fallarme y se me nubla la visión. ¿Ha llegado mi hora? ¿Qué será de mi madre? ¿Y de mi? ¿Me estudiaran como a una rata? ¿Me matarán sin más? Freno de golpe y tras llenar mis pulmones de aire me giro hacia un corredor que está a punto de tirarse sobre mí. Detrás de él le siguen dos más. Cierro los ojos a la espera de mi fin. El corredor abre su mano y de ella sale una ola de fuego. Todo se vuelve negro.
Me despierto sudando y agitado. Respiro con dificultad pero no estoy ardiendo. Me toco los brazos incrédulos. ¿Otro sueño? Miro al rededor de mi habitación en busca de algo que me diga que no estoy soñando nuevamente, que estoy a salvo de los corredores, que nadie sabe mi peligroso secreto.
— ¡Aiden! — Sonrío al escuchar a mi madre gritar mi nombre, esto es real, sí. Me quito la fina sábana que cubre únicamente mis piernas y me levanto de la cama. Trago saliva, ya he recuperado mi respiración. Me pongo las zapatillas y echo a andar. Mi madre no deja de gritar mi nombre y creo que ya sé el por qué. Bajo las escaleras adormecido y encuentro a mi madre con una fregona en la mano, tiene la cara empapada y sus rizos castaños están caídos. El suelo está encharcado y encuentro a Francis, nuestra gata pelirroja, en lo alto de la estantería, con miedo de que el agua le toque.
— ¿Qué ha pasado mamá?
— ¡Tú sabrás! Ha empezado a salir agua de los grifos y estaba limpiando los platos de anoche y...— No dejo que termine su frase, me imagino la escena e intento reprimir mi carcajada pero es imposible. Mi madre alza su mirada furiosa y tira la fregona al suelo, se hunde en el agua. Alza su mano para darme una reprimenda y yo me encojo para evitar el dolor pero no me da. Abro lentamente los ojos. — Tus ojeras... ¿Has tenido otra pesadilla? —Esta vez su voz es dulce y preocupada, lleva su mano a mi rostro y acaricia mi mejilla.
— Otra vez la misma pesadilla. Un corredor del núcleo 4 me atrapaba.
— Aún así... ¡Debes controlarte! Yo no tengo tus habilidades y no puedo deshacerme de todo este desastre. — Asiento y coloco las palmas de mis manos en dirección al agua, las alzo y las conduzco hacia el cuarto de baño, el agua se esfuma por el retrete y el lavabo. Francis continúa asustada en lo alto de la estantería, no está sorprendida, no es la primera vez que esto ha pasado en casa. De un golpe de viento cierro la puerta del baño pero la mirada de mi madre es asesina y retrocedo con los ojos abiertos.
— Lo siento. — Digo antes de que pueda alzar su mano. Ya estoy acostumbrado a sus pequeñas reprimendas, no ha cambiado esa costumbre desde que soy pequeño.
— ¡¿Estás loco?! ¿Sabes lo que pasaría si alguien te viese hacer eso? ¡¿Quieres matarme de un infarto?! — Se acerca a mí con el rostro rojo, enfurecida.
— ¡Claro que lo sé! ¡Lo sueño todas las malditas noches desde que esta mierda apareció! — Mi madre suspira y se acerca para coger mi mano temblorosa, la suya está firme y tranquila. Su calidez me relaja pero no puedo decir nada, un inmenso nudo me rodea la garganta.
—Aiden...
— Mérida. Yo soy así, ¿por qué tengo que esconderme? ¿por qué siguen con la caza de brujas?
— No me llames así.— Susurra mi madre mirándome apenada, sé de sobras que no hay cosa que le moleste más que la llame por su nombre. — Ya me gustaría a mí que pudieses enseñarle a todo el mundo de lo que eres capaz, enseñarles que no eres un peligro para nadie y mucho menos un bastardo del don. — Cierra su mano sobre la mía y ese pequeño acto me tranquiliza. — Pero no puedes utilizarlo, no en público. Mañana es el examen final y cuanto menos utilices el aire más probabilidades tendrás de salir ileso. — Esas palabras la aterran más a ella que a mí, pero se mantiene serena, como madre es lo que debe hacer, transmitirme esa seguridad para que mañana todo salga bajo lo previsto. Me sonríe con dulzura y me estrecha en sus pequeños y frágiles brazos. La rodeo con los míos y siento el aroma de su pelo aún húmedo. Tengo miedo. Si mañana fallo, si mañana mis habilidades me traicionan no podré volver a ver a la única persona que me queda en el mundo.
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Lakerno - La historia de un bastardo
FantasyEn un país, dividido en 4 núcleos gobernado por cada elemento natural (Aire, agua, tierra y fuego) , uno de cada cinco habitantes tiene el poder de un elemento en su mano. Aiden, inconcebiblemente, tiene dos elementos en su mano y cuando el líder d...
