Suspiros son el serpentear de mi lengua entre mis dientes tenebrosos, mis colmillos de demonio, mis muelas de ser humano. La bestialidad simplemente recorre mi cuerpo, tal y como ustedes talan los árboles en el bosque, yo talo sus miembros y, ruborizado, los dejo en el coche. Bellamente muero, bellamente, siempre con belleza. Estilo en mi presencia, siento los pensamientos en mi cabeza. Cuánto pesan, cuánto pesan.
Así habla la serpiente en mi garganta, que asoma su cabeza y se burla de la inutilidad, de los sueños que antes susurraba cuando yo caminaba solitario por el pasillo de mi pesar. De ocho paredes, dos suelos y dos techos, así se arman mis pesadillas un armario inmenso, ahí viven atrapados mis sueños y ahí torturan a mi yo pequeño. Suspírame, te obligan, yo sólo me deleito de mi dolor, aunque no sea ajeno, lo siento lejano.
Como gusanos, pequeñas manchas de largo, un estúpido fideo negro, una burla ambigua, disfrazada de comentario explícitamente vulgar, explícitamente normal, explícita simple verdad. Me buscas, me amas, me rompes, ¿Taladras?
Taladras. Calas en mí, como un suelo infértil calas en mí, clavas en mí, con una pala de acero inoxidable oxidado. Tus palabras son disfraces de terciopelo y de bolsas. Ocultan cosas, cosas que se esconden apenas, cosas que quiero conocer, cosas que añoro morder y desmembrarte cuando, querida muerte, te devuelvo el daño que me ocasionaste.
Camino, lento pero rápido, respiro bajo el agua y en mi cabeza se confunden, aunque sé la verdad y que no es la realidad, los pensamientos: ¿Acaso me muero, me muero? ¿Me muero, me muero?
Me muero, ¿Me pierdo?
Me vuelvo, te vuelco cemento. Piérdete en éste cementerio. Sé otro huevo, mi huevo negro, no emergen tus recuerdos. Alguna vez fuiste bello. Bello cual tallo con flor. Bello cual tallo, tuya la bella flor, que arranco con emoción.
Espinas en la rosa, risa en tus rimas, ¿te sorprende la vida? Ayer habría muerto bien muerto, tirando a la madrugada de hoy, terminaban de agonizar mis restos, mi cuerpo.
Mi cuerpo, cuya lengua, serpenteaba entre los dientes un muerto.
¿Ya no soy bello?
¿Ya soy el tallo podrido y negro, espinoso y sin flor?
¿Muero bellamente? ¿Horrible renacimiento?
Me pierdo, ¿cuál texto? Mi sexto... sentido, en el sector de enfermos, me contagio de veneno, ¿alguna vez tendré sexo? ¿Para qué busco sentidos en vida?
Soy un libro abierto. Todos pueden leerme, claramente, pero ¿quién sabrá interpretarme?
Adoro ser un tortuoso ser, una aberración de las mismas roturas. Mi lengua serpentea, serpentea, en las bocas de mi cara, lamiendo las varas del árbol, llevando mis dientes a la manzana. No soy tu Adán, querida Eva.
No soy tu fan, querida maldad. No soy la bondad en las palabras. Voy más allá...
Mi lengua serpentea... La serpiente, en mi boca, baila entre mis dientes.
Suspírame otra vez.
Suspiros son el serpentear de mi lengua.
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El Huevo Negro del Diablo
PoetryMuere, muere, muere, come, come, come, baila, baila, baila. El huevo negro del diablo, la cría de la cabra perdida, el asesino enmascarado y el dios de su mundo. Muere, muere, bellamente muere.
