La carta

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Es dos de noviembre de 1985, como cada mañana extraño su aroma y todo lo que sentía al estar con ella. Hoy preparé café para ambos, me gusta sentir que volverá en cualquier momento. Como de costumbre revisé el buzón y me lleve una gran sorpresa al encontrar una carta que ella envió. Sabía que era suya solo con ver el delicado papel floreado que usó y la hermosa tipología que siempre la caracterizó. Me puse los anteojos y comencé a leer:

 11 de octubre de 1985 

 Querido Thomas:

No he podido recuperarme aún de todo lo que sucedió ese fatídico día, a veces la vida nos va bien y de un momento a otro cosas como estas suceden, resultamos derrumbados y sin posibilidad de retornar. Te escribo porque sé que me ayudarás a escapar de todo esto.

¿Recuerdas cuando éramos solo unos niños? Siempre criticaste el hecho de que no podía expresar con claridad mis emociones, entonces un buen día trajiste mi libro favorito y me dijiste que no importaba y sonreíste, sonreí de vuelta. Los años pasaron y un día tropecé en la escuela, todos se burlaron porque jamás fui de muchos amigos, fui corriendo a llorar entre tus brazos, secaste mis lágrimas y me diste el gabán negro que antes te pertenecía para que siempre pudieses protegerme incluso en la distancia. 

Haz de saber que en este instante estoy muy lejos de Londres, llevo tu gabán como siempre pero debo confesar que tu verdadera esencia está en mi piel, en ese 10 de enero en que todo lo que por años callamos se volvió real sin decir palabra alguna.

 Sé que no puedes entender el porqué de mi decisión pero debes ayudarme, no podía seguir viviendo en aquel lugar donde la piel se me helaba y mi mente se llenaba de recuerdos.

 No puedo, por el momento decirte donde me encuentro porque sé que el viejo cartero husmea entre toda la correspondencia y no quiero que nadie sepa mi ubicación, pero te aseguro que estaré bien, te seguiré escribiendo como siempre en las puestas de sol, como siempre dejando un poco de mi aroma para que nunca me olvides. Te ama. Lucy Green .


Al leer sus palabras me quedé perplejo, quise evitarlo pero las lagrimas rodaron por mi rostro empapando su carta, ella debería imaginar cuanto le pienso. Pensé en salir corriendo a buscarla pero entonces ella correría peligro. 

Extraño la sensación de dormir con ella y sus cálidas manos recorriendo mi rostro, extraño cuando veía en sus profundos ojos nuestro futuro y reíamos juntos.

Lucy nunca fue la mujer más cálida pero no puedo olvidar esos pequeños momentos que me hicieron amarla como jamás podré amar a nadie más. Un día desperté y se había ido, un día desperté y solo vi su recuerdo sombrío. Ahora que la leo en medio de mi tristeza soy feliz de nuevo pero cada calle de Londres es un recuerdo a su lado. 

El reloj marca las 9, debo ir a trabajar y en la calle todos me miran con sus caras de lástima y angustia porque todos saben que Lucy se ha ido. Sin embargo mientras todos creen que esta muerta sé que algún día volveré a ella, ese simple sentimiento me mantiene con vida aún cuando no puedo abrazarla. 


Lucy y yoWhere stories live. Discover now