FADED

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El resonar de las manecillas de aquel reloj colgado en la pared, era lo único que se podía oír en la habitación, era un silencio absoluto.

Aun así, en el silencio y la oscuridad de la noche, se podía apreciar una silueta en la cama, inmóvil viendo hacia nada, su conciencia y mente lo habían abandonado hace bastante tiempo, como para no hacerlo.

Si te enteras de la peor manera, de que las personas, que deben ser de confianza, las cuales amarías y darías tu vida por la de ellas. Te traicionan de la peor manera, lo peor es como te enteras.

–porque, Dios.

Solo tenía esa pequeña palabra en su mente, que lo recogía cada vez más; por qué lo había hecho, porque traicionarlo de la peor manera, acaso él debe sufrir, para entender, una buena vez por todas, que él jamás sería feliz por nacer como un monstruo.
La luz de la luna era una compañía silenciosa, perfecta para aquella alma, dando un poco de consuelo, cuando lo necesitaba, ya que todos lo habían dejado a un lado.

Cómo no hacerlo, la verdad tarde o temprano sale a la luz. Sabiendo que su vida estaba contada, le quedaba poco; él lo sabía bien. En un cierto punto eso no lo asustaba tanto, sino el saber que su hijo, se quedaría solo en este mundo cruel: lo aterraba, su familia lo dejo a un lado, sus amigos no contaban y el padre del niño era otra cosa, aun así, había una persona.

A pesar de todo, poco a poco había entrado a su vida, ganado algo de cariño, sabía que él cuidaría bien a su hijo, confiar en él era lo único que ayudaba esos meses, había declarado que él sería el padre de aquel niño. Todo por el amor que sentía hacia él, admitía que aquel tipo le generaba algo de desconfianza al principio, no obstante había demostrado todo lo contrario, tragándose sus palabras, demostró aquel lado oculto, que solo ciertas personas privilegiadas podía ver.

Dentro de una lucha comenzaba, no deseaba creer otra vez en el amor lo hizo miren como había quedado, otra desilusión no podía con otra y, aun así, no ayudaba en nada, ese tipo era persistente se lo reconocía, acepto que al comienzo ayudó a consolar su corazón herido, de aquel hombre, al cual lo daño, ese día logró llorar todo lo que tenía dentro del, gritando en silencio su suerte.

Se dio cuenta de la realidad: era dura, más triste era despertar de ella, darse cuenta de que el amor, era más doloroso de lo que se imaginaba, eran como espinas; de un rosal, cada vez que tocabas una bella rosa saldrías dañado por sus espinas.

Sin embargo, quien dijo que el amar sería fácil, obviamente no lo sería jamás lo iba a ser. Era doloroso, pero bello. El destino, las almas gemelas, el hilo rojo eran cuentos de fantasía para los niños. Las novelas y las películas eran un hecho de cómo sería el amor perfecto si es que existiera, el esperar a tu héroe, en una torre o mazmorra, dando comienzo a la lucha para rescatarte de las manos del villano, mientras tanto esperar que te rescate; tu caballero con su brillante armadura.

Al final vivir felices para siempre, el final perfecto que todos desean tener, que pena que esta era la realidad de la vida. Donde el engañar y traicionar era pan de cada día. El sentimiento de la soledad era algo que provocó paz; le gusto. Era tranquilo como un río le daba a su corazón calma. No tenía que preocuparse de nada, solo del de nadie más.

Aunque como había nacido ese sentimiento era doloroso de admitir, el saber que la persona, que consideraba su pareja, se alejaba más de ti, dolía en serio que dolía, la impotencia de saber que lo perdías, no saber la causa era demasiado frustrante, en varios sentidos.

El hecho de saber, que el aún amaba su pasado y que tú eras una sombra de ella, era como aquel refrán; un clavo para sacar otro clavo, acaso era una estúpida broma, sabía lo sabía bien, siempre supo que nunca sería como ellas, jamás sería como ellas, aun así trato de ser mejor, trato de ser perfecto para él, miren cómo había resultado todo.

Mil veces era preferible, dejar todo por la paz, pero la paz nunca había sido una opción, sus ojos vieron algo que no debía, solo esperaba, que solo fuera una estúpida broma de mal gusto, -¡¡son unos hijos de puta!! Su poca felicidad, que aún poseía se fue, se derrumbó, menos de un instante salió corriendo, solo una pregunta surgía en su cabeza, "Por qué". Viendo como las dos personas más importantes de su vida, lo habían traicionado de la peor manera, él que le había entregado su corazón, él que trato ser mejor persona para estar a su altura y ahora todo se había ido al diablo, su corazón se rompía en mil pedazos, aquella imagen se repetía una y otra vez cada vez qué cerraba sus ojos, ellos entrando a un motel de parejas.

No sabía qué hacer, en esos instantes, como hacerlo, si su exesposa va con él, era ver una pareja de enamorados, pero él donde quedaba, solo había sido un juguete, solo era para pasar un buen rato en la cama, tenía tantos sentimientos acumulados en esos instantes. Que hizo lo más cuerdo en ese momento.

Tragando cada palabra que deseaba salir de su boca hacia él. El enojo, la decepción, la tristeza, el coraje y principalmente la humillación eran los sentimientos más fuertes que poseía en ese momento. Pero recordó que el doctor le había dicho, así que respira profundamente para calmar sé.

No era nada bueno, más si tenías un problema en el corazón, respirar y contar era lo único que debería hacer en aquel momento, él aún no quería morir menos en ese instante, su medicamento estaba en aquel departamento lleno de mentiras.

Dio media vuelta camino hacia el departamento aguantando las ganas de llorar de lo idiota que había Sido, creyendo sus palabras de amor a cada segundo que pasaba con él.
él.

–Miyagi –soltando un gemido de dolor contra la almohada que tenía en sus brazos.

–¡¡Los odió!!–gritando cada vez más. Que debería de hacer, la única persona que amaba lo había traicionado de la peor forma que existe, aun así, lo perdonaría solo para quedarse con las migajas de un amor que jamás existió.

***********

–*perdóname shinobu chin, pero era lo mejor para los dos que pasara así*– viendo la luna por la venta de hotel mientras daba una calada a su cigarro, bajo la vista, viendo el cuerpo aquella "exesposa", que veía cada fin de mes, dando sé aquella pasión, que no podía tener, con aquel joven que le entregaba su puro de amor.

–duerme mi amor acariciando su pecho con sus manos - aún quiero más de ti– subiendo arcadas arriba del.

–sé que te gusta que haga esto o me equivocó moviendo su intimidad con la del, despertado su hombría.

–sabes que adoro que hagas esto tomando sus pechos con sus manos apretando los.

–tú haces el sexo lo mejor – lamiendo su cuello.

Aquella habitación solo quedaba la Lujuria de dos cuerpos que se entregaba a todo, sin amor, solo pasión. Pero cómo fue posible que Miyagi. Tuviera el valor en hacer esto, cómo surgió su infidelidad; hacia el menor, que juró en la tumba de su amada maestra, que él era su amado, solo fueron mentiras.

Me Soltaste Donde viven las historias. Descúbrelo ahora