Y ahí estaba él, de pie en aquella noche fría él se mantenía alegre entre toda la multitud. Con sólo mirarlo me di cuenta de que es una persona especial, de esas que se hacen no se hacen notar pero aún así resaltan a su manera, era similar a mi, pero mi mente me engañó haciéndome creer que esa sería la primera y última vez que le vería. Para mi fortuna no fue así; una noche más fría que la anterior recibí un mensaje inesperado... era él. No pude evitar sentir emoción al saber que entre toda esa gente, se había fijado en mi. Los días pasaron y cada vez que hablábamos me sentía más a gusto con su forma de ser, era extraño y gracioso a la vez, ya que se parecía a mi pero a la vez teníamos diferentes gustos. A pesar de esto, el simple hecho de que me saludara, lograba alegrarme.
Algo dentro de mí gritaba que él era esa persona que tanto había buscado, cada día esto se volvía más evidente, me enamoraba más y más con la dulce manera de hablarme, algo que nadie podía repetir; empecé a sentir cosas que nunca en mi vida había experimentado y vaya que fue impactante, era algo que aquellos quienes buscan sólo algo pasajero no podrían entender en lo más mínimo. Los días me hacían notar que él era el indicado, ya no necesito buscar a nadie más, ese amor puro del que se habla en todos lados y en el que se me hacía difícil de creer llegó gracias a él. Aunque los miedos ante el desconocido amor no podían faltar, el hecho de poder estar cada vez más juntos hacía que este desapareciera. Los meses que fueron,son y serán, de alguna manera se convirtieron en parte importante de mis memorias, recuerdo exactamente las palabras y la forma en la que me propuso estar con él el resto de nuestras vidas, indudablemente, ahora puedo apreciar su hermosa sonrisa y el brillo que desbordan sus ojos al verme. No existen palabras suficientes para expresar el orgullo que siento de tener a alguien tan maravilloso en mi vida y se va asegurando cada vez más conforme pasa el tiempo.
