No me mires... — Sonríe tímidamente mientras se llena las comisuras de los labios de kétchup al morder el bocata de lomo que se ha pedido —. ¿Qué? — Pregunta mirándome fijamente —.Lo miro y pienso... ¿cómo puedo llegar a quererlo tanto?, siendo como un niño pequeño... pero ni yo misma sé la respuesta.— Nada Will, nada, que eres un marranote comiendo — le digo girando la cabeza de lado a lado con desaprobación fingida y acercando mí pulgar a su boca para quitarle los restos de la masacre que ha liado —. Mmmmm... ¡qué bueno! — exclamo al saborearlo.— No me lo quites, lo estaba guardando para merendar, por si me entraba hambre... — Anuncia, riendo. Y dicho eso, sigue engullendo como si no hubiera un mañana.Estamos en un Frankfurt, bueno mejor dicho, en nuestro Frankfurt. Es increíble la satisfacción que da que en un sitio te conozcan y puedas pedir ''Lo de siempre'', o que cuando llegues ya te tengan preparada una cerveza fresquita.No hace falta decir que a mi novio le encanta echarle una barbaridad de kétchup en su bocata de lomo, o de Viandox, o de mostaza... La consigna es ponerlo empapado y como consecuencia mancharse él.William es alto, no es como un jugador de básquet pero es bastante alto en comparación a mí. Me encanta la manera en la que sonríe, cómo se le marcan las arruguitas de los ojos al hacerlo... esos ojos tan grandes y marrones que me enamoraron. Tiene el pelo corto, rubio y ondulado, de ese tipo de ondulados en los que cae de una manera muy, muy sexy un pequeño mechón en medio de la frente, como Danny Zuko en Grease... pues igualito, pero en rubio. No es un musculitos pero para mi gusto está perfecto, la seguridad que siento cuando estoy en sus brazos, no la cambiaría por nada del mundo.Yo soy morena, ni muy alta ni muy baja, digamos que de estatura normal. Pelo largo y rizado, ojos grises como mi madre y con un cuerpo normalito, ni gorda ni delgada.Tengo 22 años y Will 24, ambos estamos estudiando, yo medicina y él empresariales. Este es el último año de universidad de Will y está deseando encontrar un buen trabajo como contable para poder mudarnos juntos, aunque sea en un pisito pequeño. Un pequeño nidito de amor...
Le doy un último trago a mi cerveza y dejo un trozo de bocata que me es imposible acabarme.
— Acábate eso, por el amor de dios — No me apetece más — le respondo poniéndome las manos en el estómago —.— Tienes que comer más, comes muy poco — me dice, serio y preocupado —. Bueno... — Y, haciendo un gran esfuerzo, me meto el último trozo de bocata de beacon con queso en la boca y trago —. ¿Contento? — pregunto mirándolo con los ojos entrecerrados. — Muchísimo — Responde con una sonrisa.
Una vez que pagamos salimos del bar. Me gusta la forma en la que deja caer su mano junto a la mía, abierta, rogando para que se unan en una súplica silenciosa que sólo yo y él conocemos. Se la doy y continuamos andando hacia mi casa.
De camino nos cruzamos con dos viejecitos cogidos de la mano cómo nosotros, y en cuanto los pasamos, nos miramos, con los ojos llenos de promesas de un futuro no muy lejano.Justo en ese momento, oímos el pitido de un coche y todo transcurre muy rápido. A unos pasos de nosotros, un coche rojo pierde el control. Contengo la respiración, sabiendo lo que viene a continuación. Se dirige directo hacia nosotros, cuando de repente, otro coche de color negro que bajaba por la calle perpendicular a ésta, no lo ve y se estrella con él. El impacto resuena en mis oídos y cierro los ojos, sin siquiera darme cuenta que la mano que sostenía la mía me empuja hacia mi izquierda, y caigo en el suelo con un ruido sordo.Al abrir los ojos no puedo creer lo que veo. William está en el suelo, a bastantes metros de mí. Detrás de él yacen dos cadáveres y el coche rojo volcado. Me levanto y corro hacia él.
— Will, Will... — medio grito medio sollozo—.
Está en el suelo, inerte, sangrando mucho. Le doy la mano y la aprieto fuerte, creyendo que esto lo devolverá a la vida, creyendo que el hecho de sostener su mano cómo él hacia minutos antes con la mía hará que volvamos atrás. Él solo me mira, me mira con esos ojos que solían estar llenos de vida y que ahora se ven muy cansados, con lágrimas cayendo de ellos y cerrándose cada vez más.— Amor no me dejes, por favor no cierres los ojos, ahora vendrá una ambulancia y te llevaremos al hospital... seguro que te pones bien, por favor... no te vayas... — Noto las lágrimas deslizándose por mis mejillas, pero no quiero llorar, quiero parecer fuerte e intento creerme yo misma las palabras que acabo de decir —. Sé que de esta no va a salir, las heridas se ven muy graves, pero no puedo simplemente limitarme a dejar que suceda, tengo que hacer algo... pero no sé qué.
Will respira con dificultad, cogiendo aire muy rápidamente. Baja la mirada y sé que está mirando. Mira nuestras manos, entrelazadas, cubiertas de su sangre. Se las lleva a la boca y deposita un suave beso, sin aliento. Me mira a los ojos y susurra, — Te amo—.
Con esa palabra se le escapa su último aliento, el último rastro de vida y cierra los ojos, el agarre de su mano en la mía se afloja hasta soltarse y en mi pecho se deposita el más grande vacío que hubiera sentido jamás.
