Prólogo

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Esta historia comienza como los grandes héroes y las mejores personas lo hacen: desde abajo.

Nunca sentirás lo que es el éxito si no has pasado por el amargo trago del dolor. Algunas personas la pasan peor que otras. A veces creemos que no hay peor cosa que repetir el mismo vestuario en una fiesta, mientras que, por otro lado, una hermana sufre la pérdida de su querido hermano.

La situación depende del punto de vista donde lo veas. Algunas personas lo aprenden al crecer, y otras a través del sufrimiento.

Nuestra historia comienza en una pequeña y modesta escuela en la ciudad de Colorado; donde vemos a una pequeña niña sentada a un rincón de la clase, temblando y con la mirada hacia su pupitre, tratando de parecer invisible y no ser notada, pero eso es imposible para ella; quien resalta sobre los demás con una tés extremadamente pálida, un largo cabello negro atado en una coleta, y ojeras prominentes debajo de sus oscuros ojos, la pequeña niña era una rareza que merecía ser admirada con detenimiento para encontrarle la belleza. Justo como esas obras de arte que tienes que observar con detenimiento para entenderlas. Como esas reliquias antiguas que a primera vista parecen feas, y después de un tiempo se vuelven hermosas.

Es la hora de salida y ella, con 9 años, se apresura a salir antes que nadie. Detrás de ella un grupo de niños la sigue mientras recogen rocas de vez en cuando. Al llegar una cuadra llena de residencias, ellos comienzan a cantar:

"Syrinea es tan rara ¿Qué más da si desaparece? Mejor que se vaya, de donde no pertenece."

Y la siguen con la estúpida cancioncilla mientras le arrojan las rocas, y ella, corre hasta una casa de aspecto pulcro y serio, donde se resguarda de ese mal cosechado en el corazón de aquellos niños.

Al entrar, lo primero que hace es decir:

"He llegado, padre"

Y busca con la mirada el reloj puesto en la sala para confirmar que ha llegado justo a tiempo- 5:05-. Luego repara en la televisión encendida en el canal de noticias frente a un sillón vacío, sin que nadie la vea. Su padre debe estar en casa. En la mesa de la cocina hay una bolsa de comida rápida que aun esta tibia.

Se pregunta dónde está su padre; el nunca dejaría el televisor prendido, ni la comida sin la protección de algún aluminio para mantener el calor. De pronto su mirada se posa en el árbol del patio trasero donde un hombre pulcro, alto y delgado, con cabello negro y lentes, cuelga inerte sobre una cuerda. Lo encontró.

Las Cronicas De Sirynea:Torneos - Ethan Dolan (En Edicion)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora