Esa familiar sensación de caerte mientras duermes. Todos la hemos tenido alguna vez. Caía y caía, mas no parecía parar nunca.
Abrió los ojos de golpe. Miró a su alrededor, una habitación blanca, estéril, con una mesa, una silla y ninguna salida aparente. ¿Dónde estaba? No conocía ese lugar.
—¿Ya has llegado, cariño?
Una voz femenina le sobresaltó. Parpadeó, y ante él apareció una chica.
—¿Qué? ¿Qué es esto? —se pasó una mano por el pelo. Lo sentía enmarañado y sucio, cosa que le desagradaba.
—¿Recuerdas algo?
—¿Recordar qué?
—Te tiraste a las vías del metro que llegó a la estación a las doce y dos minutos de la noche.
—Ah. Cierto —sintió una leve punzada de dolor en todo su cuerpo. Decidió no darle importancia, tenía otras cosas por las que preocuparse—. ¿Eres un ángel?
Una risilla escapó de la boca de aquella mujer.
—No, preciosidad. Soy una comealmas. Me puedes llamar Vecca.
Miró hacia el suelo y se fijó en la vestimenta de la chica que decía llamarse Vecca. Llevaba un conjunto similar a los que él recordaba que llevaban las muñecas de porcelana, lleno de volantes, un vestido pomposo e incluso un tocado cubierto de flores de tela. Sus ojos no parecían tener un color definido, variaban desde blanco hasta verde, y parecía oler a colonia de bebé y polvos de talco.
—Pero yo no debería estar aquí —Eleah fruncía el ceño—. Yo soy un ángel.
—¿Tú? ¿Un ángel? —rió burlescamente—. Perdona mis modales, por favor. Eres un comealmas, amor.
—¿Eh?
—Has sido condenado, entre comillas, a drenar la vida a las personas, como tú drenabas la energía de quienes te rodeaban.
—Hay un error. Yo soy un ángel.
—Tesoro, no hay ninguna equivocación —su voz pareció hacerse más grave repentinamente—. Eres un comealmas.
Guardó silencio.
—Entre más pronto lo asimiles, mejor será para ti. Y bien, ¿quieres que te enseñe cómo funciona esto, cielo?
Eleah se había perdido mirando algún punto indefinido de la habitación.
—Tomaré eso como un sí.
Vecca se acomodó en la silla.
—Bienvenido al mundo de los comealmas. Eres una criatura de rango medio: aunque estás por encima de algunos otros entes, que no se te suba a la cabeza, aún por encima de nosotros están los ángeles, elfos y otras razas —cruzó sus rodillas y puso una de sus manos sobre la otra—. Como nuestro nombre indica, nos alimentamos de almas humanas. Comemos la escoria que habita sus cuerpos.
Vecca parecía ya saberse su discurso, lo cual se reflejaba en su monótona forma de hablar.
—Algunos se quedan cerca de hospitales, esperando a que los pacientes den su último aliento. Sin embargo, los habemos más directos —enarcó las cejas a la vez que alzó la enagua de su falda, mostrándole a Eleah un puñal atado a su muslo.
—Deleznable —pensó—. Ah, mierda. Soy un hipócrita.
Nunca había valorado la vida humana, mas al hallarse frente a dicho dilema solo pudo soltar una carcajada idiota.
—Bien, ¿tengo que matar para comer? ¿Como los animales salvajes? —inquirió.
—Bueno, cariño, prefiero decir que somos cazadores. Suena mejor, con más clase, ya me entiendes —Vecca hizo un gesto con la mano tratando de quitar importancia al asunto—. Los humanos son presas fáciles. Me gustaría contarte algunas historias de célebres comealmas, pero tiempo al tiempo —sonrió.
Eleah se sentía gradualmente más incómodo por aquella situación: comer almas y la palidez innatural tanto de Vecca como de la habitación solo se añadían a su dolor de cabeza.
—Oh, cielo, ¿te sientes bien? Tienes los labios pálidos... Espero no haberte agobiado demasiado con mi pequeña charla —podía notar que la preocupación en los ojos de la chica era absolutamente falsa—. También parece ser que esta ilusión no aguantará mucho más, vaya contratiempo.
Eleah frunció el ceño, pensando en qué había dicho aquella peculiar muchacha.
—Siento no haberte sido de gran ayuda, pero no me queda mucho tiempo. Si me ves alguna vez, por favor, ¡acércate a saludarme! —sonrió nuevamente Vecca—. Cuídate, tesoro.
Dicho esto, Vecca descruzó sus piernas y chasqueó los dedos. La habitación desapareció, y junto con ella, también su creadora.
Eleah sentía que perdía el conocimiento. Otra vez, oscuridad, y una caída infinita. Finalmente decidió dejarse llevar.
Cayó, cayó y siguió cayendo. Esperó en algún momento abrir los ojos y despertar en el reino de los ángeles, entre aquellos que tanto idealizaba.
Pero ese fue el momento en el que decidió recordar que no es realista poder cumplir todos tus sueños.
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De Comealmas (y Otras Criaturas)
FantasyPerseguir tus sueños te puede causar muchos dolores de cabeza. (Historia paralela de Desastres Sobrenaturales: distintos personajes, mismo universo)
