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-Xaruma-

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Aún era de noche cuando salí de casa, llevaba conmigo una vestimenta veraniega, bikini con rayas horizontales color azul claro y blanco, una pareo amarillo con algunos kanjis que lo usaba para cubrir ambas partes, un sombrero de paja con una cinta de color blanco de adorno alrededor del cabezal, una toalla color fucsia claro, unas cholas de hilo rojas, unas gafas de sol alargadas de cristal fino rectangular con fina montura color rosa claro y un bolso para guardar otras pertenencias.

Tras tomar el primer tren de la mañana, sentada al lado de una de las ventanas podía ver ya la playa a lo lejos y el Sol empezando a dar un color anaranjado a todo lo que se le reflejara, el mar y su brillo, alguna fina y delgada nube perdida en el horizonte y demás cosas que poco a poco su luz cubría.

Finalmente tras salir de la estación a un pueblo de la costa Mediterránea del Norte, en una tranquila cala no más de 200 metros de punta a punta, arena del tamaño de granos de arroz color marrón claro, una suave brisa de aire del Este que recorría cada rincón de mi suave piel moviendo ligeramente mi corto pelo con un vaivén.

Tras tomar un lugar acomodando la toalla sobre la arena, me saque el pareo y el sombrero, los deje a mi derecha, me senté encima depositando el bolso a mi lado derecho y sacando de él un spray de protección solar factor 40 que rocié en mi cuerpo y luego lo volví a guardar, tras ello me estire completamente cara arriba en la toalla, era buena hora para ponerse morena y no quemarse en el intento.

Sin quererlo y ya sea por cansancio del viaje, por falta de sueño o por la comodidad y el silencio que me quedé profundamente dormida.

Cuando desperté el Sol ya estaba bien arriba, por su posición serían sobre las 11:00 o 12:00, tenía amplios conocimientos de astrología, astronomía, ciclos Lunares y cómo medir el tiempo en función del Sol, entre otras enseñanzas que aprendí como un hobby pues en la era que vivimos todos esos conocimientos son inútiles para el uso cotidiano de las tareas repetitivas a realizar.

Al levantarme deje caer las gafas de sol sobre la toalla, acto seguido me dirigí al agua percibí que algo estaba fuera de sitio o lugar, llámalo instinto primario o manías mías por seguir estando sola en esa cala, la arena mojada hacía sentir como mis pisadas dejaban más huella que en la arena seca, las suaves olas que subían y bajaban avanzando y retrocediendo podía empezar a notarlas en mis pies, junto al frío del agua limpia y transparente, se veían peces que habitualmente no se ven a línea de costa y no parecía asustarles el hecho de que me bañase con ellos, teniendo ya el agua por encima de la cintura y debajo del ombligo.

Realmente algo hacia que me estremeciera y no era por el contraste de temperatura corporal y la del mar, incluso esa suave brisa que soplaba anteriormente había dejado de soplar y nubarrones se veían al horizonte, algo ha pasado o debió pasar mientras dormía o quizás solo era alguna paranoia de las mías, me sumergí para "refrescar mente", tras salir a flote mi pelo se desplazó como le dio la gana cubriendo prácticamente toda mi cabeza y las puntas llegando a tocar un poco por encima de mis rodillas, jamás me había dejado el pelo tan largo, es difícil cuidarlo e incluso resulta una molestia e incomodidad, aparte el pelo de mi cara dejándolo por detrás de las orejas y tambaleándome.

Incrédula ante ese extraño suceso, al darme la vuelta hacia mis pertenecías pude ver pasmada como la fauna y flora había consumido el pequeño pueblo, tras unos segundos de parálisis física y mental corrí hacia mis pertenencias, me calce, me sequé con la toalla que cargue en mi hombro derecho y me puse el pareo, el sombrero, las gafas de sol y el bolso colgando del hombro izquierdo, ya todo recogido y en mano me dispuse a dejar atrás la arena de la playa y pisar sobre losas de piedra con moho en las juntas de estas, las calles de este pueblo siempre fueron estrechas y hechas con losas de piedra encajadas con cemento, hierbajos ocupaban el lugar del cemento, de las grietas de las casas bajas se veían plantas trepadoras florecidas, era raro ya que solo florecen en Primavera.

El día de playa terminó antes de lo planeado sin que pudiese disfrutarlo plenamente y presentándome un cambio notorio en la atmósfera, edificios, naturaleza e incluso en mí ya no tan corto estilo de peinado.

Xaruma, almas gemelasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora