La manera en que me miraba, me susurraba al oído los hermoso que era contemplar un atardecer juntos tomados de la mano bajo aquel hermoso otoño donde las hojas de los arboles caían. La rara costumbre de hacerme sonrojar cada vez que admiraba cada centímetro de imperfección, la extraña forma de expresarse, la distinguida manera de hacer complemento su vida con la mía. Sus hermosos luceros, que brillan en la oscuridad y me tranquilizaban con tan solo observarlo,se paciencia para escucharme y la delicadeza de sus palabras para hacer palpitar mi corazón. Esos pequeños lunares que resaltaban su peculiar manera de brillar, aunque parezca él final. Su única manera de mirar lo hermoso de la vida, hacer un pequeño instante en algo hermoso e inolvidable. Cada centímetro de el, un misterio por resolver
