Cuando crees conocer todo de una persona siempre surge algo nuevo, algo que te sorprende que te deja sin palabras y a la vez de decepción y de tristeza con una gran duda que si al fin esa era la parte que no conocías de el, pero la peor desgracia en mi opinión, es que nos gusta ser curiosos, nos gusta buscar, aprender, provocar sin conciencia alguna del próximo arrepentimiento, después de habernos decepcionado de haber gritado, maldecido, jurado, negado, después de todo te arrepientes y crees que tomaras la decisión correcta pero al final vuelves a lo mismo, regresas al inicio, justo donde estabas antes, nos fascinamos por encontrar demonios en una carcel repleta de ellos y todo para que, Par darnos cuenta de que no es lo que esperábamos y bueno es de esperarse ya que en la carcel no existe ningún culpable, según dicen, entonces ¿los culpables somos los de afuera? Los que buscamos y provocamos la ira de aquellos que están a merced de sus pasiones y deseos más oscuros a la orden del más mínimo soplo de palabras provenientes de su débil víctima, víctima de su tentación de la duda y de la incertidumbre de saber que transita por los ojos de su amado o de lo que algún día fue pero ya no será, ambos carcomidos por la ilusión de volver a ser lo que nunca fueron ni serán.
