Llovía. Mi único deseo era enfundarme en una manta y ver largas películas. Mis botas se empapaban mientras salía el coche y poco a poco, mi pelo se iba humedeciendo al mirar hacia lo alto de un rascacielos al que de ahí en adelante llamaría "casa". Mi madre me sonreía, repitiendo una y otra vez que nos iría bien en Sydney. Me costaba asimilarlo: simplemente todo era demasiado diferente; con tan solo ver que estábamos a mediados de junio y la temperatura sugería un otoño cerrado a mí se me hacía un nudo en la garganta al pensar en empezar una nueva vida aquí.
Cogí mi maleta y varias bolsas y entré en el edificio. Mi madre me miró extrañada, al parecer llevaba un tiempo hablándome cuando de repente me había ido. Curioso.
Subí hasta la planta 15ª rogando que nunca se estropease el ascensor. Un largo pasillo con varias puertas a cada lado acababan en la entrada del apartamento 15H. Mi madre me alcanzaba para cuando había girado la llave dos veces y estaba a un segundo de abrir la puerta.
-Abre-me dijo-. Te va a encantar.
Al entrar, un gran salón me recibía con unas paredes acristaladas de arriba a abajo por las que entraba la luz que permitían proyectar las nubes y la lluvia. Todo estaba decorado en blanco, plateado y negro. A la derecha, un sofá, una televisión, un par de estanterías y una mesa de café. A la izquierda, una amplia cocina de mármol negro con una isla en el centro y, al fondo, unas escaleras flotantes también negras que supuse irían al segundo piso, donde estaban las habitaciones. Me quedé paralizada observando cada detalle. Mi madre me decía algo de fondo, pero no la escuchaba. No escuchaba nada, de hecho: en el edificio no se oía un ruido. Volví a mirar las escaleras negras, las subí y entré en mi habitación. Una cama plateada con dosel, una mesa de trabajo, unas ventanas que crecían de suelo a techo, unas cortinas a juego con la cama y un armario. "Habrá que redecorar esto más tarde," pensé "pero podría ser peor". Solté entonces todo lo que cargaba y respiré hondo.
Era real.Estaba pasando. Me desplomé en la cama, me coloqué mis auriculares y comencé a escuchar The smiths a la vez que me estiraba hasta no poder más y miré hacia arriba. Alguien había escrito: Si juegas con fuego, acabarás quemándote. "Menuda estupidez", pensé.
Dos horas más tarde estaba cenando comida china sentada en la isla de mármol negro junto a mi madre, siguiendo nuestra tradición de los miércoles noche, mientras veíamos una película de tantas que habíamos rescatado de nuestra casa en Canterbury.
-Lo bueno de haber venido en estas fechas es que tienes unas semanas de vacaciones para integrarte antes de que empiecen las clases, ¿no crees?
-Sí, claro...
-He visto que aquí hay muchas zonas de tiendas, nos podríamos pasar estos días para renovar nuestros armarios, ¿qué te parece?
-Vale, estaría bien.
No es que estuviera enfadada con mi madre ni nada por el estilo, era simplemente que no estaba allí. Estaba en mi mundo, y ella no podía entrar. Y aunque lo intentase (que lo hacía), no podría. Y es que ese estado de trance me parecía más cómodo que intentar tener una conversación con mi madre como si no hubiese pasado nada.
Toda mi vida se había desmoronado en sus narices y ella no había movido un dedo para ayudarme. Y ahora fingía conocerme.
ESTÁS LEYENDO
Abril
RomanceEstaba lloviendo. Mis botas se empapaban mientras salía el coche. Poco a poco, mi pelo se iba humedeciendo al mirar hacia lo alto de un rascacielos al que de ahí en adelante llamaría "casa". Mi madre me sonreía, repitiendo una y otra vez que nos irí...
