— ¡ANDREW! —
escuché decir desde la sala de mi departamento justo después de escuchar la puerta principal de mi hogar abrirse.
vamos a ser sinceros, la noche anterior no me la había pasado leyendo la biblia en mi habitación, lo que menos me importaba en aquel momento era que alguien hubiera gritado mi nombre en mi propiedad; ni siquiera tenía recuerdos claros de la noche anterior, sólo estaba completamente seguro de que esta fue la octava vez que volvía a prender mí teléfono móvil con la esperanza de recibir algún mensaje desde que el horario de Los ángeles había marcado las diez de la mañana.
también estaba seguro de que no había dormido siquiera una hora luego de que mi cuerpo tocó aquel colchón tan grande y tan vacío a la vez que poseía mi innecesariamente inmensa habitación.
sólo podía pensar en las curvas de aquella rubia platinada que se presentaba en mi mente en ese momento, y es realmente irónico que mi corazón, (o lo que queda de él) siga perteneciendo a alguien, la misma rubia de mis pensamientos, la misma que se acostó con mi mejor amigo y ahora hasta es su actual novia.
— ¡ANDREW TAGGART! —
me revolví molesto en la cama aturdido por quién sabe qué cantidad de alcohol en mi sangre.
pretendía dormir e ignorar aquella voz para continuar inmerso en mis ensordecedores pensamientos cuando despertara, aunque todo se encontraría callado y en calma cuando eso ocurriera. calma, como odiaba esa palabra.
— ¡OH POR TODOS LOS CIELOS DREW!, ¡VAMOS A LLEGAR TARDE! —
la puerta se había abierto de un fuerte empujón que había provenido de mi compañero de trabajo y anterior mejor amigo, Alex.
aquel sujeto se había acercado a mi armario, como si esa fuera su casa y con suma confianza sacó de allí las primeras prendas de ropa que se le cruzaron para tirarmelas en la cara después, y vaya que agradecía eso, no estimaba que mis ojos se llenen de lágrimas amenazando con salir para recordarle seguramente a Alex, otra vez, que él es muchísimo mejor que yo.
—¿pretendes que te ayude a vestirte? ¿no vas a decir nada? ¿Drew? — él se sentó en la cama esperando seguramente una respuesta la cual estaba decidido que no se la daría, justo antes de que el sonido de notificación de mi teléfono móvil dejó la habitación en silencio luego del estruendo. —¡hey mira amigo!, la pelirroja del bar te ha escrito, ¿cuál era su nombre? ¿Clarissa? parecía latina, debió haberlo hecho muy bien.
el mayor chasqueó su lengua en su paladar, una acción que me pareció algo extraña, pero sin embargo ignoré como cualquier otra que pudo haber realizado aquella mañana.
Alex no era estúpido, sabía perfectamente quien era Hayley cuando se acostó con ella, pero aún así lo hizo, y ahora pretendía remediar nuestra relación fingiendo que nada habia pasado, cuándo todo, todo había pasado.
—era sólo una prostituta. — fueron las únicas palabras que me digné a decir en aquel momento.
KAMU SEDANG MEMBACA
setting fires » drew taggart
Fiksi Penggemardónde Clarissa quería jugar con fuego, pero no sabía que el fuego era él.
