Muchacho había sabido que estaba condenado mucho antes de que la sacaran del
húmedo y apestoso calabozo en que la habían confinado, mucho antes de que lo subieran,
maniatado, al carro que recorrería las calles de la ciudad hasta la plaza mayor, mucho antes
de que la amarraron al poste y encendieran la pira.
Lo había sabido al mirar a los ojos a los miembros del tribunal. Ellos no habían
pronunciado palabra, pero el había leído el odio, el miedo y el desprecio en su mirada.
Había pasado toda la noche pensando en ello, haciéndose a la idea de que iba a morir
y, por eso, cuando los guardias acudieron a buscarlo al amanecer, el los recibió con orgullo
y frialdad, sin un ápice de miedo en sus ojos. Era inocente, no había hecho nada malo, y
estaba siendo víctima de una injusticia. Lo gritaría por el camino, lo gritaría sobre la carreta,
durante el vergonzoso paseo hasta la plaza, lo gritaría en lo alto de la pira hasta que las
llamas ahogaran su voz.
Sin embargo, no le resultó fácil encontrar valor para proclamar su inocencia cuando el
carro salió de la prisión y la multitud la recibió con gritos, insultos, amenazas y una lluvia de
huevos y hortalizas.
Inspiró hondo mientras los tomates impactaban en su cuerpo.
—¡¡¡Soy inocente!!! —chilló, pero no pudo añadir nada más; como si hubiese dicho
una blasfemia, la multitud rugió aún más y le lanzaron más verduras.
El muchach o sintió que las lágrimas le abrasaban los ojos, pero parpadeó varias
veces para retenerlas; su orgullo le impedía llorar ante aquellas personas hipócritas que la
habían querido y apreciado (o, al menos, habían fingido que lo hacían, se dijo amargamente)
hasta apenas unos días antes.
Alzó la barbilla con valentía en medio de la lluvia de hortalizas e insultos. Su pelaje, azul
como el cielo, iluminado por el sol naciente, parecía una ardiente corona en torno a su
semblante pálido, que, sin embargo, mostraba una mueca de desprecio. «Gentuza», pensó.
Esquivó un huevo. Lo único que lamentaba era que la privará de una muerte digna. Ser
inmolada en la hoguera era bastante épico, pero, en su opinión, los tomates sobraban.
Sacudió la cabeza, confundida, y por un momento asomó a sus ojos un atisbo de
miedo. ¿En qué estoy pensando? —se dijo, obligándose a sí mismo a recuperar algo de
cordura. ¡Voy a morir, me van a quemar en la hoguera! La perspectiva, vista con sensatez,
era aterradora, así que decidió que era mejor el orgullo, y volvió a levantar la cabeza, bien
alta.
No era fácil conservar la dignidad en tales circunstancias, pero el se las arregló
bastante bien. Con todo, el paseo se le hizo eterno, y casi agradeció que la subieran a lo alto
de la pira. Entonces, la multitud dejó de lanzarle cosas, aunque no se callaron. «Que griten»,
—pensó, resentido. «Que griten hasta destrozarse la garganta».
Apenas oyó las palabras del alguacil:
—Muchacho, aún puedes salvar tu alma. Confiesa tu pecado.
El esbozó una sonrisa escéptica.
—¿Pecado? —repitió.
—¡¡Brujo!! —chilló una mujer en primera fila.
—Soy inocente —repuso el joven con calma.
—Si eres inocente, no tendrás nada que temer: el fuego no podrá dañarte —dijo el
alguacil.
El dejó escapar una risa amarga
—Si yo fuera un brujo, el fuego no podría dañarme —rectificó, —y tampoco estaría
aquí ahora. Haría rato que habría salido volando sobre mi escoba.
Los razonamientos no entraban en la lógica de aquel hombre.
—¿Confiesas tu pecado, hijo mío? —insistió.
—Confieso, sí —dijo el, y miró a su alrededor. —¡Confieso que os odio a todos,
porque vais a condenar a un chico inocente! ¡Ese es mi pecado!
Hubo un breve silencio, pero entonces alguien gritó:
—¡Brujo!
Y todos corearon:
—¡Brujo! ¡Muerte al brujo!
El chico vio la tea ardiendo acercarse a la paja de la pira.
—¡Soy inocente! —gritó —¡Y mi muerte caerá sobre vuestras conciencias como una
losa, y os perseguirá eternamente!
—¡No! —gritó una vieja —¡Nos ha echado una maldición!
La muchedumbre retrocedió unos pasos, murmurando aterrorizada. El muchacho no
pretendía lanzar una maldición (no habría sabido cómo hacerlo), pero la gente había tomado
sus palabras por tal.
Los ejecutores no se entretuvieron más, y lanzaron la antorcha ardiendo al montón de
paja, que prendió rápidamente. Luego, se echaron hacia atrás, con una sonrisa de alivio y
satisfacción en sus labios.
—Cuidado, brujo —le advirtió el alguacil, antes de recular él también.
Una llamarada se alzó súbitamente frente a él joven condenado, que miró a su
alrededor. El fuego la rodeaba y se acercaba a el inexorablemente. Cerró los ojos y respiró
hondo, pero el humo lo hizo toser. El calor se hacía insoportable. Abrió los ojos otra vez para
mirar a la muchedumbre que contemplaba el espectáculo de su ejecución, pero no eran más
que manchas borrosas tras las llamas.
Tosió de nuevo, sintiéndose desfallecer. El calor abrasaba su piel, y el humo, sus
pulmones.
—No... soy... un brujo—musitó.
Le pareció de pronto que la gente dejaba de gritar y murmuraba, pero no podía estar
seguro y, de todas formas, ahora ya daba igual.
Alguien chilló:
—¡El diablo!
Y el chico abrió los ojos. Entre las llamas vio una alta figura vestida de rojo que se
movía con elegancia y seguridad. Se dijo que su mente comenzaba a desvariar, sobre todo
cuando el desconocido subió a la pira como si nada, atravesó el fuego y se coloco junto a el, que apenas podía respirar ya. Estaba desfallecido, pero, aun así, pudo preguntar a
aquel producto de su imaginación:
—¿Quién eres?
—Alguien que ha venido a rescatarte —dijo él, sacando un cuchillo.
El chico lanzó una exclamación de miedo, pero el extraño se limitó a inclinarse hacia
el para cortar sus ataduras.
La multitud murmuraba aterrorizada sin atreverse a dar un paso hacia ellos, pero el
joven ya no les prestaba atención. Observó, como en un sueño, cómo las llamas lamían los
pies de su salvador, sin llegar a prender en su túnica.
—Estoy muerto, ¿verdad?
El otro no respondió.
[Continuara]
Esta historia está sacada de la saga de Laura Gallego el valle de los lobos, lo digo por si alguien habla mal de este modo de hacer historia además solo quiero decirles que lo único que cambia son los nombres de los personajes u saludo
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Sonadow la maldición del maestro
FantasíaEspero te guste esta historia llena de romance, traición y trajedia
