El Inicio

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Hoy estaba con mi amigo, el y yo hemos sido mejores amigos desde hace años; pero en éste siclo, llegaron un par de chicos nuevos, son hermanos, un chico y una chica, son pálidos como el papel, tienen ojeras de mapache, son la clase de personas que no quisieras encontrarte en la calle por la noche. 

Su diseño llamó mucho la atención, pero no ya con parecer hechos nieve, todas sus cosas eran negras y grises, simplemente contrastantes. Con su llegada desviaron las miradas, incluidas las de mi amigo, Él comenzó a ser mas cercano a ellos; al grado de reemplazarme rápidamente por el dichoso par de 'nubes'. Todo comenzaría a ir mal, simplemente lo presentía.

Pero un día, mi amigo comenzó a notarse más tenso, parecía confundido, y sin ganas de nada. Me intrigaba demasiado, a pesar de que intentaba preguntar no me quería decir nada. Me resultaba muy preocupante. Pasé toda la semana tratando de hacer que me dijera, pero él simplemente no quería. Fue sino, hasta el lunes que se desesperó y me dijo.

-Está bien, si tanto quieres saber, te lo diré.
Ellos dos me enseñaron un nuevo juego, el juego de las ánimas.

-¿Qué es eso?

-No quiero decirte, te podría hacer daño.
Me preocupa que te suceda algo.

-Vamos, por favor. Nada podría pasar.

-¡Te dije que no!

No comprendía por qué no quería decirme, ¿acaso algo sucedería por un juego?
Llego de curiosidad, fui con él al día siguiente y volví a preguntar, y no esperaría un "no" por respuesta; mas, sin embargo, de nuevo se negó a decirme, pero en un momento se cansó de escucharme y me contó; y valla que no debía preguntarle.

-Bueno, pero yo te advertí.
Todo era sólo para protegerte.
¿Seguro que quieres saberlo?

-Claro que quiero.

-Es el juego de las ánimas, una vez entrando no se puede salir.
Sólo son tres reglas, de los cuales se debe seguir al pie de la letra.
Pero estando dentro, tu alma está en juego y no podrás estar bien hasta haber terminado.

-Suena interesantemente raro.
¿Cuáles son esas reglas?

Estoy consiente de que no debí intentar preguntar las reglas, pero la curiosidad me comía; seguí preguntando, realmente él se preocupaba por mi, y yo sólo insistía en saber...

-Agh...
Yo te prometí que te lo diría, y te advertí de lo que pasaría.

-Claro, no hay problema. Sólo dime.

-Lo lamento...
La primera regla es:

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