Cuando las vacaciones de verano llegaban a su fin, recibí una carta de la familia Weasley. Arthur nos había invitado a mi padre y a mí, a ver con él y todos mis amigos el más importante partido del Campeonato Mundial de Quidditch.
Según describió el pelirrojo, sería una experiencia única e inigualable.
Por ello, con la brisa nocturna acariciando mi piel bronceada y acalorada, llegué a la madriguera cuando mi reloj marcó las doce de la noche. Usé por primera vez un traslador, con instrucciones de mi padre.
De repente, todo a mi lado comenzó a tomar sentido. Las colinas del lugar aparecieron cada vez más nítidas mientras se me pasaban los efectos secundarios: mareos y la visión borrosa.
La madriguera pronto comenzó a tomar forma, a unos cuántos metros de distancia. Las maderas de distintas tonalidades, las múltiples habitaciones en múltiples pisos, las ventanas de distintos tamaños. La calidez de las luces adentro indicaban que Molly, tal como prometió por carta, se quedó despierta esperando mi llegada.
Alcé mis dos valijas y la jaula de mi preciada lechuza Hazza. Ésta protestó por haberla despertado, y luego siguió dormitando mientras me esforzaba por llegar hasta la entrada.
Me sentí un poco decepcionada de que mi padre no haya podido pasar el resto de las vacaciones conmigo, al menos con un solo día más hubiésemos podido ver el partido del Mundial juntos. Él era un aficionado del Quidditch, había sido capitán de su equipo de Gryffindor durante su quinto y sexto año en Hogwarts.
Pero mi padre tenía un importante cargo en el Ministerio de Magia, y sus obligaciones ya lo estaban llamando. Al menos, habíamos pasado sus vacaciones durante el mes de mi cumpleaños, así que pudimos visitar un parque de diversiones que inauguró durante el verano en Londres muggle.
Yo la pasé excelente, él quizás no tanto porque vomitó tras bajarnos de la montaña rusa más alta del lugar. Luego, hizo una torta casera de cumpleaños sin ayuda de la magia, que se terminó por desarmar casi por completo cuando estaba por soplar las velas.
Pero nos divertimos genuinamente, a pesar de ser sólo nosotros dos. Solos los dos, desde que mi madre había fallecido.
Vivíamos en Londres muggle desde que el Señor Tenebroso mató a sangre fría a Lily y James Potter, los padres de mi querido amigo Harry. Según él, mi madre lo sugirió para estar refugiados y protegerme hasta que pudiera entrar a Hogwarts.
Pero nunca volvimos a nuestro antiguo barrio en el mundo mágico. Porque esa casa, ese barrio muggle, tenía todos los últimos recuerdos de mi madre antes de que enfermara. Y mi padre no quería soltar esos recuerdos.
La puerta de la madriguera se abrió de par en par, dejando ver a la señora Weasley sentada en una de las sillas disparejas del comedor. Arrastré las valijas y la jaula dentro, y me recibió al instante con un gran abrazo. Me envolvió con sus brazos, y luego tomó mis mejillas con ambas manos.
—Ava, querida —habló con una sonrisa amplia—. Estás tan grande, me alegra mucho de que hayas venido. Te preparé chocolate caliente, por si querías tomar algo antes de dormir.
—Gracias Molly —respondí, apenas nos separamos del gran abrazo—. Me vendrá bien, el viaje en el traslador me mareó bastante. Fue mi primera vez.
Con un encantamiento Molly acercó la taza flotando hasta mí, apenas la tomé envolví ambas manos en la cerámica caliente. Me reconfortó por el repentino cambio de clima durante la noche.
—Lo tomaré en la habitación, así ya no te mantengo despierta. Gracias.
—Por supuesto, Ginny ya está dormida, pero te preparé una cama a su lado. Que descanses.
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Outsider - Draco Malfoy
FanfictionDesde que el sombrero seleccionador se posó sobre la cabeza de Draco Malfoy se supo que era un digno Slytherin. Su familia de magos oscuros y prestigiosos con su linaje fue la principal fuente de inspiración para la crueldad contra los que él consi...
