El despertador sonó con retraso, como de costumbre. Así que cogí la pequeña caja, miré la hora por si lo había dejado mal programado ayer y me había levantado tarde, pero, para mi desgracia, no fue así. Los pequeños numeritos rojos me indicaban que eran las 6:45 a.m. Tiré el despertador contra la pared en un arrebato de rabia, y se rompió.
- ¡Joder! - me tapé la boca inmediatamente, pero recordé que mi madre no estaba en casa y me tranquilicé.
Mi madre solía estar de lunes a sábado fuera del país por cuestiones de trabajo. Es agente inmobiliario y su jefe la hace viajar a países importantes, como Alemania.
¡Ah!, y con respecto a mis ataques de rabia, son algo casi involuntario. Es como si una llama habitara en mi interior y, cuando algo me molesta una energía invisible aviva el fuego, a veces llega a causar incendios y todo.
Y un muy buen ejemplo de esas cosas que me molestan ¡son los malditos lunes!
Ya he desayunado y me he aseado. Me he puesto ropa bastante decente, y me he subido al Land Rover que mi padre me regaló con el dinero de su nueva esposa/modelo/millonaria/actriz. Sí, suena impresionante, y, sin embargo, es una pesadilla. Ella se llama Verónica, es alta y rubia y tiene un cuerpo de envidia, pero el "botox" de la cara no se lo quita nadie. Cuando mi padre me dijo que adivinara su edad yo pensé *¡Venga, vamos a jugar a la ruleta de la suerte, yupii! *
- Tiene 45 - me arriesgué yo. En realidad le calculaba 38, pero no me apetecía pensar que mi padre, que tenía 52, estuviera con alguien tan joven. Eso pensaba yo...
El se rió, y se rió, se estaba partiendo el culo de risa con mi respuesta. Cuando terminó de reír y se retiró las lagrimillas que le había causado mi ingenuidad gritó casi a los cuatro vientos:
- Muy buena Samy, pero... ¡TIENE 58 AÑOS!
DIOS, no me lo podía creer. Supongo que eso le pasará factura, y, una parte de mí, una parte muy profunda, en mi lado oscuro, deseaba que así fuera.
Llegué al instituto a las 8 en punto y corrí apresuradamente a mi clase. Entré y vi a la profesora de biología esperándome pacientemente frente al encerado. En su cara se reflejaban sus ganas de mandarme al despacho del director, pero sabía que por la simpleza de llegar tarde no debía molestarle. Tragó saliva mientras yo me sentaba junto a Sonia, mi mejor amiga, y observé con una sonrisa de suficiencia como se le escapaban chispas por los ojos a la profesora.
- Llegas tarde - dijo con su voz gélida.
Se llamaba Fátima, y, a la vez que se giraba para empezar a escribir en la pizarra, vi como se le desabrochaba el tercer botón de su fina camisa blanca. Esa mujer tenía mas silicona en los pechos que la que tenían los cientos de pegamentos que tuve yo de pequeña. (Sé que los pegamentos no contienen silicona, pero es un ejemplo básico, ¿vale? :v) Era morena, con una tez pálida y unos ojos azules que daban escalofríos. Siempre llevaba minifalda y tacones de unos 12 cm de altura. En mi opinión parecía una puta, y barata. Siento si mi vocabulario vulgar y grotesco os desagrada, pero ese no es problema mío. Ella seguía escribiendo en la pizarra mientras yo, al contrario de Sonia, tomaba apuntes lo más rápido que podía. De repente el aliento mentolado de Sonia me llegó a las fosas nasales, y, antes de que yo pudiera retirarme, sopló contra mi oreja. Rápidamente un escalofrío me recorrió la espalda, ¡cómo me molestaba que hiciera eso! Sonia empezó a reír por lo bajo y yo, sin otra opción, me uní. No podía contenerme más y solté una carcajada bastante sonora. Fátima se giró bruscamente haciendo que uno de sus tacones se doblara peligrosamente.
- ¿Qué te hace tanta gracia Emma?
No, no le decía a otra persona, me decía a mí, para ella yo era Emma. Solté un sonoro suspiro, puse los ojos en blanco ante su memoria de pez y contesté como si le hablara a un niño pequeño:
- Yo no me llamo Emma, me llamo Samantha. Pero tranquilícese, la perdono.
Ahora la carcajada resonó en toda la clase.
- Perdóname, Samy.
Dijo, imitando mi tono y, con una sonrisa de suficiencia en la cara añadió :
- Sam, seguro que no te importa darte un paseo hasta el despacho del director, ¿verdad?
Toda la clase, menos Sonia, claro, soltó un chistoso: Uuuuhhh. Incluso al final de la clase logré oír que alguien decía: - Pelea de gatas...
Pero ya no escuché más, había usado mis apodos, uno seguido de otro. Se supone que los profesores te llaman por tu nombre completo, o, incluso, por tu apellido. Pero eso no era lo peor, la expresión de su cara tras decir aquello sugería que sabía que eso me afectaba. Y no iba mal encaminada, tenía náuseas y me temblaban las piernas. Una sensación de mareo me invadió. Eso no era normal, no podía estar pasando. Recogí mi material, me levanté y me dirigí al pasillo. No había dado ni cinco pasos hacia el despacho del director cuando vi a alguien en el aparcamiento del instituto, cosa muy rara, ya que era privado. Parpadeé un par de veces y, ya no había nadie. Vi una sombra moverse detrás de mí y, de repente, todo era negro.
Bueno, pues esta es la primera novela que escribo en Wattpad. Espero que os guste:3. Musho lov a todos<3 .
YOU ARE READING
¿Por qué yo?
FantasySamantha, que nombre más raro, ¿no? Aunque todos los nombres suenan extraños la primera vez que los oyes, ¿no creéis? Está bien, voy a ser sincera, odio mi nombre. Sí, se que es una chorrada, pero para mi no. En el instituto todos me llaman Sam o...
