Yo era un chaval de 18 años, vivía en Texas, rodeado de caballos y ruedos, mi principal juego era, disparar a las latas con el rifle de mi padre, aunque lo hacia poco ya que mi padre se enfadaba mucho, decía que un hombre nace para un arma, y que esa no era la mía. Yo no le echaba mucha cuenta, para mi un arma es un cacharro de metal que dispara y hace ruido, algo que me gustaba y me divertía.
Un día, mi padre llegó alterado a casa, nunca antes lo había visto así, hablaba con mi madre sobre "nazis", y guerras, para mi era la primera vez que escuchaba esa palabra, "Nazi" parecía el nombre de algún aparato nuevo de algún inglés, famoso.
Le pregunté a mi padre que eran los nazis y me dijo enfurecido, que eran unos locos que están conquistando otros países, y que al igual que están siendo conquistados los países de Europa, nosotros también seríamos conquistados si no hacemos nada.
En ese momento empecé a dar vueltas por el rancho, buscando alguna forma de evitar que conquistasen mi país.
Tras algunas semanas llegó el cartero, y entre las cartas de Maria,
Encontré una carta publicitaria, "EL EJÉRCITO ESTÁ RECLUTANDO SOLDADOS, TU PAÍS TE NECESITA"
En ese preciso instante, preparé las maletas y me dispuse a despedirme de mis padres, aún recuerdo aquellas palabras de despedida, las lágrimas de mi madre y la mirada de orgullo de mi padre.
Dije:
"Padre, Madre no me importa la tardanza del enemigo, su fuerza su honor o valentía, mi país me llama a luchar, y sé que venceremos"
Subí al primer tren de la mañana, y en ese viaje tuve ocasión, de escribirle a Maria.
