Elena se hallaba en su viejo consultorio de Buenos Aires, estaba sentada en una vieja silla recubierta de cuero blanco, ahora algo gastado. Su cabeza reposaba sobre ambas manos las cuales se apoyaban en el escritorio polvoriento.
La mirada de la castaña estaba perdida. Inmersa en sus pensamientos, aún así su ojos recorrían cada rincón de allí. Tal vez extrañaría Buenos Aires, o tal vez no. Tantos recuerdos, sus estudios, sus pacientes, parte de su familia... Pero también había sufrido muchas perdidas y Punta del Este parecía un buen lugar para volver a empezar.
Paso un dedo por el escrito retirando una capa de polvo y luego la soplo levemente. Años había pasado desde que no pisaba aquel lugar. Prácticamente todo ya estaba en su nuevo hogar.
Su celular comenzó a vibrar en su tapado negro hasta las rodillas, se sobresalto al sentirlo. Lo tomó rápidamente y respondió.
-Habla Elena- comento en tono secante, pero al escuchar la voz de su madre se relajó -Si mamá, solo estaba buscando unas viejas cosas que deje en mi primer consultorio, algo de valor. Pero no importa seguro se traspapeló- camino por el cuarto vacío el cual se podía escuchar perfectamente el repiqueteo de sus tacones en la madera.- Tranquila no es taaan valioso, solo son papeles. Si estaré lista para el vuelo. Ustedes adelante se con Jerome.- corto con un bufido y se pasó los dedos por su cabellera.
En realidad no buscaba nada, solo estaba recordando cuando fue el momento en el que su padre los abandonó. Para ella todo se había ido al demonio.
Unos tres años antes cuando estaban decidiendo si mudarse o no a punta del este, su padre se hallaba en aquel consultorio. Se suponía que tenía trabajo. Pero Elena descubrió que no y peor aun fue que el la amenazó.
Esa mañana la castaña se hallaba de guarda por la facultad y estaba asignada cerca de donde trabajaba su padre. Así que había decidido darle la sorpresa.
Su secretaria no estaba en su puesto, pero aquello no le pareció nada raro ya que a veces solía darle la hora del almuerzo o por ahí había ido a buscar unos expedientes. Pero al abrir la puerta de aquel estudio encontró a su padre con la secretaria. Ambos estaban desnudos y se helaron al ver a Elena en la puerta, la cual estaba petrificada, parecía una estatua. Su padre tomó enseguida su bata y se cubrió dejando a la otra desnuda sobre la camilla. Corrió a tomar el brazo de Elena con fuerza y la aparto hacia afuera.
-Si le dices algo a tu madre, me encargaré de hacerlos sufrir, más que nada a ti. Mocosa malcriada. ¿Nadie te enseño a tocar? -
-No te atrevas a obligarme, me importa un bledo lo que quieras hacerme, creí que significabamos algo. ¿Ni a Jerome quieres? No claro como lo harás si estás con esa zorra.- la castaña retiro el brazo con fuerza pero no fue lo suficientemente ágil como para apartarse de la bofetada de su padre.
- Tu eres una zorra a la cual debo mantener a coste de mi trabajo, no, nunca te quise. Ni a esa puta familia. Todos se creen que por ese estupido apellido saben algo y no saben nada de la vida- le grito antes de volver a pegarle otra bofetada.
Elena no sé quebraba tan fácil, sus lágrimas parecían querer brotarle de los ojos, pero ella no lo permitiría jamás. Tomó la mano de su padre y le pego un rodillazo en la entre pierna antes de salir corriendo en busca de ayuda.
Así fue como comenzaron las peleas, el divorcio, las mentiras, su alcoholismo oculto y bien disimulado. Ella había perdido la confianza en el mundo y lo único que tenía era a Jerome y su madre.
Volvió a recorrer la mirada por aquel consultorio reviviendo su pesadilla una y otra vez. Era constante y no podía frenarla. Aunque se mudara sabía que no podía librarse de su padre.
Tomó aquel escritorio viejo por debajo y lo levanto para voltearlo con fuerza. Podía sentir cada músculo desgarrarse, era roble maciso y pesaba bastante para ella. En cuanto lo volteo soltó un grito de liberación y angustia, tomó la silla y la lanzó contra la pared llena de cuadros. El sudor le corría por la frente y se le había pegado el polvo a este. Pero poco importaba. Destruir aquel lugar le había sentido a sentirse algo mejor.
En cuanto salió de allí toda agitada le indico a su cochero que antes de ir al aeropuerto pasará por su viejo apartamento que debía darse una ducha. Se pasó el viaje bebiendo Bourbon. Apestaba a tierra y a alcohol pero se encargó de disimularlo con su ducha y mucho perfume.
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El Diario de Elena Favaloro
FanfictionTal vez mudarse a Punta del Este con su familia no había sido buena opción. Mantener ciertos modos de vida allí se complicaban, los rumores corrían en un pestañar de ojos. Pero en Buenos Aires tampoco estaba segura. Familia de renombre, llena de mé...
