Capítulo único

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Diana, aquella chica que tantas aventuras había vivido estaba ahora en el lecho de su muerte... Aquella pequeña niña de hace varios años se escapaba por esos ojos de color avellana, ya muy apagados.
Lo triste de todo... Había visto ver a toda su familia morir. Su madre... Su padre de cancer... Su marido por un accidente... Su preciosa hija de muerte súbita... Y una larga lista de amigos y compañeros de trabajo. Se podría decir que tenía muy mala suerte o, que incluso, estaba maldita. Ya a sus noventa años de edad había tenido una gran vida, salvo por el hecho de su "maldición".
Había viajado a lugares insólitos, vivido en el mismísimo Sahara e incluso en la fría Antártida. Su trabajo le encantaba, pero ya era demasiado mayor como para estar viajando. Si, era una gran vida, pero había sufrido mucho...
Estaba en su gran casa... Mirando el gran océano que se encontraba en un acantilado. Ahora, ya cansada, se fue a dormir en su suave cama. Se tumbó y cerró los ojos para su largo y eterno sueño.
Podía sentir los latidos de su propio corazón, su respiración entrecortada por la edad y también podía sentir como su cuerpo se iba entumeciendo hasta que...murió.
Su alma viajó a lo que los humanos conocían como "cielo", pero en realidad, sólo era un valle... Un vacío valle que estaba vacío completamente.
La anciana comenzó a andar sin un rumbo específico, su cabeza iba dirigiéndose a todos los lados buscando a alguien, pero... no encontraba nadie. Después de un tiempo empezó a pensar en voz alta.
-Es obvio, ¿no? Estoy en lo que se podría denominar mi subconsciente...
Aquel pensamiento era certero. En el umbral de la muerte, el alma no viaja a un "cielo", solo viaja a tu subconsciente que luego se iría consumiendo poco a poco. Diana siguió caminando hasta que consiguió  ver la figura de alguien. Extrañada por el hecho de que pensaba que estaba sola se acercó...
Cada vez que se acercaba a esa figura, su cuerpo se hacía más joven... Como si estuviera viajando en el pasado...
Cuando por fin llegó, pudo ver a su dulce marido esperándola, con una mano extendida en señal de que ya por fin, estaban juntos. Una joven Diana de unos treinta años soltó unas lágrimas, le agarró la mano y se fueron...
A la lejanía se pudieron ver las dos figuras... Desaparecer justo después de una ráfaga de viento... como un puñado de cenizas...

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