Prólogo

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Verano

Se acomodó la corbata Ralph Lauren azul con franjas blancas. Se acercó a la cómoda, abrió el pequeño cofre de plata y sacó la cadena de oro blanco que su abuela le había regalado en su decimosexto cumpleaños. La usaba todos los días: no por su valor económico, sino por el emocional. Era su posesión más preciada. Tras ponerse el saco, salió de su departamento. Saludó a un par de vecinos en el camino y al portero del edificio. El señor Jung, siempre amable, le devolvió el saludo con una sonrisa. Abajo ya lo esperaba Junsu, su chófer, listo para llevarlo a la empresa que había sacado adelante con tanto esfuerzo.

Primavera

Cuando decidió mudarse a la capital, no esperaba encontrarse en aquella situación. La casa en la que se suponía iba a vivir resultó ser un pequeño apartamento a una hora de la universidad. Su primera clase era a las ocho de la mañana. Eran las seis con cuarenta cuando, recién duchado, luchaba por ponerse los pantalones mientras se cepillaba los dientes. Solo consiguió lastimarse la encía. Con una mueca terminó de enjuagarse y abrochó el pantalón. Tomó la cazadora de la cama, se pasó las manos por el cabello en un intento de peinarse y salió de su pequeño hogar.

Invierno

Un portazo fue lo último que escuchó su madre, justo antes de que el motor de la maldita motocicleta rugiera con fuerza. Una vez más, su hijo había huido de casa. La diferencia con las otras veces era que esta vez no volvería. No estaba dispuesto a seguir escuchando aquella basura sobre “ser un chico bueno”, “no caer en vicios” o “ser honrado a pesar de su estatus social”. Su padre había sido un buen hombre, nadie lo dudaba. Pero de nada le sirvió: al final terminó en una fría tumba. Juró, por todo en lo que su madre creía, que no regresaría.

Otoño

No estaba loco. No estaba enfermo. No se sentía frustrado. No se sentía solo. No era nada de lo que los demás murmuraban a sus espaldas, ni lo que su propia familia afirmaba.
Iba a la universidad para darle gusto a su padre.
Iba a la iglesia para complacer a su madre.
Salía con sus amigos para no defraudarlos.
Cuidaba a la pequeña perrita, Pai, para agradar a su abuela.
Jugaba golf los fines de semana para contentar a su tío.
Todo lo que hacía era para los demás. Pero, al fin y al cabo, tampoco tenía nada mejor que hacer. Siempre había sido así. Y no, no había nada malo en él. Era normal. Como todos.




Verano - él es rico

Primavera - él es ingenuo

Invierno - él es pobre

Otoño - él es diferente

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