nueve

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|  antoniette's pov |

—Después de… ese… día... —tragué saliva.

Habían pasado tres años pero aún me costaba hablar sobre aquello. Lo había dejado en el altar.. Cuando supuestamente sucede al revés. Ni si quiera quiero empezar a pensar en como se había sentido él… Cuál habrían sido sus primeras acciones, sus primeros actos. Me había alejado lo más que pude de los diarios, revistas, televisión, de todos los medios de comunicación.

 De tan solo volver a pensar en el hecho mis ojos se humedecían, pidiendo a gritos que dejara correr las lágrimas. Pero no. Ya había llorado bastante ya.

 —Llegué a Suecia. Al cumplir las dos semanas aquí, encontré a mi hermana mayor, Elizabeth..

[FLASHBACK]

Había decidido ir por un bocadillo. Estaba aburrida en la habitación del hotel que había arrendado por un tiempo indefinido. Aún no tenía claro cuando iba a buscar un departamento. 

Había estado encerrado toda la mañana. Había comenzado a nevar en la noche anterior y no había parado hasta las tres de la tarde. Y en todo ese tiempo, no dejaba de pensar en él.... 

Necesitaba alejar mi mente de Jamie.

Había cambiado el color de mi cabello, ahora era de un color rubio y los rulos que usualmente usaba se habían ido. Me había hecho un alisado de queratina que, aunque la peluquera me había advertido mil veces que iba a dañar mi cabello, no me importo. Y antes de comenzar con el proceso, había dicho que mi cabello era uno de los mejores que había visto en su vida, que era una pena desperdiciarlo. Pero nuevamente, no me importó.

Necesitaba que la gente no se diera cuenta de quien era yo.

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Tomé un gorro de lana, un abrigo y el celular y salí de la habitación.

Había pedido un mapa en la recepción para poder orientarme.

 Al salir del hotel, tomé una gran bocanada de aire. Suecia volvía a ser mi hogar… Siempre lo fue… Aunque deseaba que Jamie se encontrara conmigo….

Me maldije intermanente.

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Habré de haber estado más de veinte minutos caminando por las calles del país. Entraba en cada tienda que captaba mi atención y siempre salía con algo comprado de allí, aunque fuera la mínima cosa. Sin importar de que tipo fuera la tienda; si era de ropa, accesorios, etc. Habré de haber tenido en mis brazos alrededor de diez bolsas, en total de diferentes tiendas.

Quizás después ganaría algo de dinero vendiéndolas.

Se preguntarán de donde saco tanto dinero. Bueno, al llegar a Suecia fui directo a un banco a cambiar mis joyas por dinero. Claro, las que no tenían gran significado.

Con un café de Starbucks en mi mano me senté en unas de las pocas bancas de la plaza que no estaban cubiertas de nieve. Aún faltaba un mes con varios días para la llegada de la primavera, pero pareciera que el invierno no quería irse.

Dejé las bolsas a mi lado derecho y tomaba sorbos del café mientras veía a los niños pequeños juntos a sus padres o amigos jugar con la nieve. Algunos se lanzaban en trineo desde una pequeña colina que había a mi lado derecho. Otros se tiraban bolas de nieve entre ellos y un grupo pequeño, generalmente los más pequeños hacían muñecos de nieve con sus padres.

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