Tantos artistas y poetas desilusionados en la inevitable órbita de sueños que se vacían; tantos rostros que desconocemos y que más de una vez hemos soñado en un pasajero trayecto de alegrías, que en un abrir y cerrar de ojos se esfuma. Qué podría ser hoy de el mundo, exhausto de seguir viviendo en un incontable virus, a la punta de un nebuloso silencio que palpita en nuestras mentes. Así es, ¿qué podría ser del ayer, y de lo que es hoy? Sólo quiero que los versos se escapen en un aullar de emociones al escribiros.
Por dónde empezar, diría, que por el inmenso universo conformado de misterios en la aurora de tus ojos al mirarme. Quizás la incomparable música que resuena entre mis oídos al ver como te notas distraída; los melifluos sonetos que murmullan al imaginar un recuerdo transmitido del corazón. Soñé contigo, te veías feliz, así es como quisiera que fuera todo; sin embargo, es algo inédito pensarlo con todo lo que hubo, viene y vendrá.
Desde luego creo que cada ser humano tiene algo especial que sobresale de los demás, convirtiéndose en una paradoja. Pero tú eres de las pocas personas que se podría decir que sobresalen un poco más; contando cada uno de tus detalles y destellos que reflejan el maravilloso arte entre todo ese bien que ha sido corrompido por la sociedad.
Desde tus defectos e inseguridades, es lo que te hace el verdadero ejemplo de imperfección y belleza que pueda existir en un humano.
Quiero contar las constelaciones de tu vida, cada una de ellas hasta que pierda la consciencia y esté fuera de lugar como un niño llorando y frunciendo el seño en una obra de teatro que durará horas y e
n la culminación de ésta, jamás se estrenará.
