El rey sol abrió los ojos antes de la hora. Por lo general era Greem quien lo llamaba. Se quedó un momento viendo el sol entrar entre las cortinas produciendo zonas de luz donde flotaban motas de polvo. Se pasó una mano por la cara, agradecido de poderlo hacer, ya que todas esas argollas y cadenas que le ponían en su rostro se lo impedían.
Era su cumpleaños, otra vez, que molestia; pasarse todo un día viendo ciento cincuenta y ocho inútiles matándose por su "honor" sin gracia y sin estilo. Los últimos años habían sido así, y aparte de catorce, nada avizoraba que fuera mejor.
Así que, se desperezo, se levantó y fue a vaciar la vejiga. Cuando salió del baño se dio cuenta que no llevaba puestas las sandalias. "Que fastidio" pensó. Estaban al lado de la cama y no tenía ganas de seguir caminando descalzo. "Que fastidio" volvió a pensar, la campana estaba sobre la mesita al lado de la cama así que no podía tocarla para llamar a Greem.
-Greem - gritó el rey.
Inmediatamente entró el mayordomo, llevando un carrito con ruedas conteniendo peine, toalla, sabanas, agua, espejos de mano, vino y cualquier cosa que el rey sol deseara en ese momento y que pudiera tener a mano sin necesidad de pedirla y tener que esperar que se la trajeran.
El rey miró al mayordomo y este, si mirar a su rey, caminó rápido hacia la cama, tomó las sandalias, se agachó frente a él y le puso el calzado en los pies.
"El viejo Greem"-pensó el rey - ¿"qué edad tendrá, mil años? Siempre servil, siempre atento, y siempre entero. Fue el mayordomo de mi padre y del padre de este antes y aparte del pelo blanco como nieve no representa lo viejo que es"
-Greem
-Si, mi señor
-¿Cómo demonios siempre oyes la campanita esa de ahí?
-Mi trabajo es servirle mi señor
-Ya, ya, cállate y prepara mis cosas para hoy
Preparar las cosas del rey consistía en hacerle todo, así que Greem trajo un batallón de sirvientes que se encargaron de bañarlo perfumarlo vestirlo, ponerle las argollas y cadenas en el rostro, símbolos visibles de su estatus y alimentarlo mientras el rey se dejaba hacer sin mirarlos siquiera.
Mientras lo secaban después del baño el rey se vio en el inmenso espejo frente a él. En un reino en que casi todos usaban de metal bruñido, donde se medio reflejaba su imagen borrosa, algo así era un lujo solo para el rey.
Detalló su cuerpo desnudo, bien alimentado, atlético para alguien de solo trece años y completamente bronceado, casi dorado, como debe verse un rey besado por el sol.
Cabellos amarillo intenso y ojos amarillos como todos los de la familia real. Uribraxceles se sentía muy orgulloso de su ascendencia.
-Quiero comer, Greem, algo ligero, tengo un día ocupado
-Sí, mi señor ¿desayunará en la terraza?
-Si, estará bien
Se sentó en una tumbona de la terraza, desde donde se dominaba gran parte de la ciudad y los campos circundantes más allá de las murallas, y dejó que el sol mañanero lo calentara.
Otra vez entró el batallón de sirvientes, esta vez trayendo manzanas maduras, piñas confitadas, sandías cortadas, fresas, cerezas, frambuesas, Kiwis, dátiles y muchas otras frutas ya peladas y listas para comer; pulpos vivos, mariscos, peces asados y fritos, perrillos guisados, huevos asados, fritos, y duros; también algunos que tenían embrión de pollos dentro. Tortas de miel, de vainilla, chocolate y frutillas. Panes dulces, salados, con o sin relleno. Veinte tipos diferentes de quesos. Agua fría, jugos y vinos.
YOU ARE READING
solo uno vive
FantasySiete guerreros, siete luchadores, siete sacrificios para conmemorar el cumpleaños del rey sol. Siete historias, siete vidas. Siete personas que solo desean volver a casa, pero ¿Quién merece vivir y quién morir? Porque al final uno solo vive
