Intro

16 0 0
                                        

Inhale el humo de mi cigarrillo mientras miraba la ciudad a travez del balcón de mi hotel. La noche estaba fría y mi único acompañante era mi fiel cigarro que se encontraba en mi mano. Inglaterra aveces podía ser un dolor en el culo, especialmente esta noche donde mi conciencia me reprochaba sin aviso. Exhale el humo de mi cigarro y lo lance con dirección al pequeño callejón, aveces solía pensar que fumar era lo único que calmaba mi ansiedad. Cerré mis ojos mientras el aire frío golpeaba mi rostro.

- Pensé que te iba a encontrar en la cama- susurró a mi oído la prostituta con la cual había pasado la noche- sigo lista para ti- tomo mi mano y la coloco entre sus muslos-

Permanecí con los ojos cerrados, mientras alejaba mi mano de su toque. Odiaba cuando las prostitutas baratas tomaban atribuciones las cuales no merecían. Las mujeres simplemente estaban para satisfacer mi lado carnal. Todas eran iguales, unas simples víboras que solo querían tener el control. Las mujeres no servían para nada más que una simple follada. Desde pequeño, siempre supe que los sentimientos eran una pérdida de tiempo y que las mujeres simplemente eran un objeto que cualquiera podría tener.

- El dinero se encuentra en la mesa – camine hacia la cama sin nisiquiera mirarla- recógelo y lárgate.

La prostituta no dijo nada, entro a la habitación, recogió su ropa y simplemente se marchó sin antes decirme que me largara al infierno.

~ Eso espero yo ~

Azoto la puerta fuertemente dejando el olor a perfume barato en su paso. No entendía a las mujeres y su afán por llamar la atención, acaso no podían entender que para lo único que sirven es para coger. Todas era iguales, unas manipuladoras que que se encargan exclusivamente en destruirte.

~ Todas son igual a ella ~

Mire con dirección a la pequeña mesa donde se encontraba mi celular, el cual estaba vibrando. Detestaba mi trabajo pero la verdad que era lo único que sabía hacer en esta vida, y era el mejor en ello.

- Dimassia – dije neutramente, mientras me dirigía al balcón de mi cuarto-

- Tienes un nuevo trabajo – respondieron en la otra linea- asi que apresurate antes que mande a despedazarte

Rodee mis ojos, pensando en lo fastidioso que podía llegar a ser mi trabajo. Colgué el teléfono, sin importarme en dar una respuesta. No necesitaba que me amenazaran, era el mejor en este trabajo. Camine hacia el ropero para recoger mi chaqueta y salir hacia las frías calles de Londres. El sonido del viento me hacía recordar lo hermoso de mi soledad. Desde pequeño nunca me gusto el estar cerca de muchas personas. Detestaba el hecho de que me tocaran. Las personas pueden llegar a ser una molestia, por eso algunas debía llegar a ser eliminadas sin ningún remordimiento.

- Eres Dimassia - escuche a alguien quien pronunciaba mi nombre de manera repulsiva

Levante mi vista hacia la persona que había pronunciado mi nombre. Un hombre que rodeaba los sesenta años, gordo y asqueroso. Un montón de joyas rodeaban su cuello. No podía esperar menor de un charlatan como lo era el duque de York. El simple hecho de mirarlo me repugnaba y hacia que mi bilis subiera a mi garganta

- Depende de quien lo busca -dije de forma sobria y fría- Que quieres

- Llegas tarde - pronunció el hombre de una forma fastidiaba - se suponía que debías estar aquí hace media hora

- No recibo órdenes de nadie -el hombre ya me estaba comenzando a enojar - no me interesa quién seas o de donde provengas, dime que quieres que haga de una maldita vez ya que estoy perdiendo mi tiempo contigo.

El hombre simplemente me miró con odio, lo cual no era raro de esperar. La mayoría de personas transmitían el mismo sentimiento hacia mi. El hombre me tiro una carpeta con la información de la persona a la cual necesitaba eliminar. Ser un asesino era lo único que sabía hacer en mi vida. Fui entrando para esto desde que tengo uso de razón. No tenía remordimiento de nada, ni de nadie.  El simple hecho de ver los ojos de terror en cada víctima me complacía, sentir su miedo en cada palabra mientras me rogaban por sus mendigas vidas, me hacía sentir con poder. Me encantaba cuando sus ojos sin vida quedaban abierto, viendo hacia el abismo mientras sus vidas se escapaban rápidamente.

- La información de la persona está en esta carpeta- miro hacia la carpeta- te sorprenderá cuando descubras quién es

- nada me ha sorprendido antes - dije ignorando su comentario  - dudo que esta víctima lo haga

- No siempre todo es lo que parece, Dimassia

- En ese caso - volteo a mirarlo y sonrío-  habría que descubrirlo, su majestad.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Apr 30, 2019 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

SacrificeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora