El Baño.

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Soy la hija menor, la oveja negra, la mala hierva, la desastrosa, la buena pal' copete, la que chupa más que orilla de playa, la que tira más humo que fábrica petrolera, etc; la hueona que llegó a cagar la familia, corta.
Si hablaremos de infancia debo remontar la tierna edad de los 5 añitos, cuando mi único gran amor era la leche con cereales y la Cristel (mueve el ombligo muevelo oh oh), siempre he sido yeta para mis hueas, no lo niego, es el don que me impuso el de allá arriba, en fin. Mi papá debía cuidar de mí porque mi vieja había ido a comprar unas cosas, se suponía que no tardaría más de una hora. Mi papá me dejó sola, además estábamos en la casa de mi abuela, esas casas antiguas de adobe con baño de poso, esa huea que quedaba como veinte metros más allá de la casa. Como toda ser humano, tengo necesidades biológicas, por ejemplo, hacer pipí. Busqué al irresponsable padre que tengo y pa' variar estaba raja durmiendo, así que como pequeña mujer me las di de valiente y fui solita al baño, cabe destacar que el hoyo del baño era mas grande que yo, y tal como deben estar suponiendo, me caí dentro del baño. Desesperada por salir comencé a gritar.
—¡Papito!, me caí al baño.
Nadie me pescaba, si el baño estaba entero de lejos.
—¡Papito! Está hediondo acá.
Nadie.
—¡Abuelita!
Nadie po' hueon.
Hasta que sentí pasos hasta el baño, ¡era mi viejo hueon!, iba a salir de ahí, pasá a caca, pero iba a salir. Se bajó los pantalones y se sentó en el intento de baño.
—¡Papá!
—¿Antonia?
Nunca se me va a olvidar su cara de hueon. Se subió los pantalones y cagado de la risa fue a buscar una soga, me sacó de ahí llena de caca, así que no encontró mejor manera que tirarme agua con baldes.
Nunca más dejé que mi papá me cuidara.

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