Invasión

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El verano llegaba a su fin en la ciudad de Encarnación, una remota localidad ubicada al sur de Paraguay, lugar conocido por muchos como ciudad veraniega por sus bellas playas y emblemática costanera.

Las clases ya habían empezado hace unas cuatro semanas y los estudiantes acudían a uno de los colegios más renombrados de la zona, el Colegio San Cristóbal, una institución de gran trayectoria que trabaja a la vez con un hogar de niños y niñas o jóvenes en situación de calle, en el cual tres jóvenes llamados, Paul, Zoe y Marcos, se preparaban para iniciar una nueva jornada de clases.

- ¡Vamos Paul, apurate pues! - insistía Marcos.

- Ya, esperá, falta Zoe - afirmó Paul quien pescaba por su compañera de grado.

Paul y Zoe tienen prácticamente la misma edad, es decir, 16 años, ambos se encontraban cursando el segundo año de la media, mientras que Marcos, siendo el menor de los tres, con 12 años, cursaba el octavo grado.

Finalmente, la muchacha salió apresuradamente por la puerta del pasillo del pabellón de las mujeres y corrió velozmente hacia sus amigos.

- ¡Hola!, ¡Gracias por esperarme! - saludó la morena de cabellos rizados arreglándose improvisadamente el peinado con la ayuda de sus dedos.

- No te preocupes, ya es normal - mencionó Marcos con una sonrisa pícara.

- ¡Marcos, así no! - dijo Paul propinándole un codazo a Marcos.

- ¡Ey!, ¿Qué hice ahora? - refunfuñó este.

Los tres iban siempre juntos al colegio, tan juntos que muchos se cuestionaban si los tres eran hermanos, a lo que era respondido con un rotundo "no". No obstante, la amistad era muy fuerte que, a decir verdad, Marcos, quién era huérfano, consideraba a ambos, Paul y Zoe, como a sus hermanos mayores. Paul, al ser por dos meses mayor que Zoe, asumía el papel del hermano mayor, mientras que Zoe mantenía una actitud cercana frente a los dos.

La vida en el hogar y en el colegio resultaba muchas veces muy rutinaria y aburrida, razón por la cual Paul deseaba salir de aquel lugar al que fue traído por su madre cuando tenía apenas ocho años, a fin seguir órdenes de "cuidadores" sin sentimientos ni noción de protección, encargándoles tareas aburridas como limpiezas y cuidados diarios de todo el terreno, asumiendo prácticamente una vida de esclavos. Pero Paul, como buen soñador, en sus ratos libres ideaba alguna que otra estrategia para escapar del lugar y tener la tan anhelada libertad.

Sin embargo, cuando el día parecía empezar con el pie derecho, uno de los compañeros de Marcos le realizó una inesperada zancadilla que provocó una caída brusca del pequeño, golpeándose el mentón sobre el grisáceo piso de cemento.

- ¡Nde!, ¿cuál es tu problema? - preguntó Marcos incorporándose lentamente del suelo.

- ¡Vení y peleá esclavito! - humilló el muchacho.

Pronto Paul se suma a la discusión, diciendo:

- ¡Nde maricón!, Si te metés con él, te metés conmigo, cara de repollo.

A esto se le suma un joven de la misma estatura de Paul quien pregunta:

- ¿Quién te crees vos para decirle así a mi hermanito?

- ¿A vos quien te llamó?, ¡no te metas en lo que no te importa!-exclamó Paul, pero el joven lo tomó por los brazos y lo tiró al suelo. Pronto esta discusión se convirtió en una pelea y varios niños se acercaron hacia donde se encontraban Paul y los demás, repitiendo: "¡Pelea, pelea, pelea!".

Inmediatamente Zoe se percató de lo sucedido por medio de sus amigas y se sumó a la pelea e intentó separarlos, para evitar consecuencias que lamentar.

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