"Esta noche... también he dejado de amarte."
Recordar esas palabras dolía, pero aunque quisiera olvidarlas no podía; las mismas se reproducían en su mente como si de una cinta sin fin se tratase. Desquiciado, sacudió la espesa cabellera negra antes de exhalar por última vez el humo de un consumado cigarrillo, como si dicha acción desapareciera tales frases repetidas una y otra vez en sus pensamientos cuando se encontraba solo.
La situación lo estaba cansando y eso lo enfurecía. No obstante, su furia era más con el mismo que con su amigo, mejor dicho, ex amigo, ya que si de algo estaba seguro, era que RyeoWook lo aborrecía. No lo culpaba pues sus acciones no habían sido las más adecuadas. Molesto, arrojó la colilla sobrante a un cesto de residuos próximo mientras continuaba su ruta sin rumbo con las manos enfundadas dentro de sus bolsillos.
Unas horas antes, se sentía asfixiado en la soledad de su apartamento. Necesitaba huir, no sabía a dónde exactamente, pero cualquier lugar sería mejor sitio que estar encerrado entre cuatro paredes, pensó. Y fue ese pensamiento el que lo llevó a tomar las llaves puestas sobre el recibidor y la chaqueta de cuero negra que colgaba de un perchero, la cual justo coincidía con su típico vestuario cuando no estaba en la oficina.
La noche era fría, pero eso a Jongwoon no le importaba, de hecho, estaba tan inmerso en sus pensamientos que no reflexionó el tiempo y la distancia recorrida, tan sólo se limitaba a caminar cabizbajo por las tristes y oscuras calles de Seoul.
Mientras avanzaba, JongWoon levantó la vista al ennegrecido cielo carente de astros y sonrió vagamente. Aquella atmosfera no le era indiferente, dado que se sentía identificado con las penumbras de su corazón, porque así había quedado éste luego de aquel encuentro con RyeoWook. Luego de esa vez, todo había cambiado entre ellos, más de lo que hubiese imaginado.
Esa noche, cuando fue a verlo al camerino, creyó que al soltar toda su furia y rencor le haría olvidar el amor que sentía por el menor, pero en vez de eso, había logrado el efecto contrario; lo seguía amando, tal vez más que antes y el sólo saber que RyeoWook pudo sentir lo mismo que él, le destruía.
Se odiaba, pero es que cuando vio al menor vestido de Bada, con el maquillaje, el vestuario, la peluca, la actuación y esa maldita coquetería que caracterizaba a la Señorita Kim, además de su hipocresía, lo molestó. Su enojo, había dado lugar a un JongWoon cegado por la ira y el enfado completamente muy distinto a quien él era en verdad.
Durante mucho tiempo se sintió atormentado por las cosas que su maldita lengua había soltado esa noche. La verborrea no estaba planeada, simplemente brotó y no pudo frenarla, ya era tarde cuando la conciencia le remordió. Había dejado que su boca se llenara de palabras dolorosas sin pensar las consecuencias que podrían desencadenar y peor aún, sus actos.
Vamos, que había fantaseado una y mil veces distintas maneras de acariciar el cuerpo del menor y la manera en que lo hizo, era la menos acertada. Sus manos habían tocado con brusquedad y enfado aquellas partes de Wook que nunca creyó tocar, pero que siempre había deseado que fuera con cautela y suavidad.
JongWoon se sintió miserable, él, quien siempre pensó que el menor era una persona pequeña y frágil, que debía resguardarse del mundo en una caja de cristal y ser él su protector, en vez de cuidarlo, lo había estrellado en mil pedazos.
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Cobarde
Fanfiction[ONESHOT] Sabía que sus actitudes con RyeoWook eran de un cobarde, y posiblemente siempre lo fue, sólo que la simple idea de admitirlo no era algo que alguien reconozca fácilmente.
