Chocolate

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Remus siempre traía consigo un cargamento de chocolate

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Remus siempre traía consigo un cargamento de chocolate. Sirius solía decirle que luego de una guerra nuclear muggle, podría vivir de su cargamento hasta que fuera un viejo decrepito. Lo tenía por varias razones: para animar a alguien triste, disipar el aturdimiento de algún hechizo o producto de la luna llena, o simplemente comerlo para pasar el rato. Aunque últimamente lo estaba haciendo por una razón muy distinta...

De alguna manera sorprendente, Tonks no cedía. Parecía saber con exactitud sus rutinas, para saber en qué esquina doblar para chocar o a qué hora iba al baño para aparecer por la puerta. Y siempre lo miraba insistentemente, esperando la respuesta a una pregunta que ya le había dado, varias veces: "Soy muy viejo", "estoy acabado", "soy demasiado peligroso para ti", "eres joven, vive tu vida y no la mates uniéndote a mí". Pero la chica parecía insatisfecha, y lo buscaba para mirarlo expectante.

Desde aquella tarde junio en que se le había declarado, no faltaba chocolate en los pliegues de su capa. Y había de todos los tipos: amargo, de leche, con avellanas, relleno con fresa o trufa. Lo comía desesperado, como si el sabor intenso que le quemaba en el paladar fuera la cura a su reciente problema fucsia. El chocolate era su remedio, su mejor amigo ahora que los de carne y hueso eran parte del pasado.

No fue hasta una fría tarde de enero en que se vio despojado de su fiel acompañante.

Estaba sentado en la cocina de Grimmauld Place. No había nadie más en la casa, y le había parecido una buena idea vigilar la base de la Orden... Bueno, eso y vivir la frustración de no conseguir empleo a solas. Nadie quería a un licántropo como profesor. Las deudas lo ahorcaban, la situación en el mundo mágico empeoraba día a día y no tenía a nadie con quién desahogarse.

Fue así como sacó una barra de chocolate con almendras. Ya era la última que le quedaba. Aún no sabía de dónde sacaba el dinero para hacerse de tal maravilloso dulce, pero no quiso preguntárselo mientras el ruido de papel metálico retumbaba en el lugar.

De repente, unas manos le tomaron las muñecas y le quitaron el chocolate.

-He tenido un día terrible, así que creo que necesito esto más que tú -Tonks le quitó el envoltorio-. Muchas gracias.

-Pero, ¿qué crees que haces? -otro sinfín de preguntas hicieron eco en su mente, pero se encontraba demasiado consternado viendo el robo-. Es mía, Nymphadora.

-Si crees que te daré la mitad, estás equivocado. Sabes que odio mi nombre de pila -le miró enfadada, pero su expresión cambió a una de agotamiento en un parpadeo-. Casi me matan en una misión. Un estúpido novato nos delató y prácticamente volamos por los cielos... Aterrizar en paja no es nada agradable. Las novelas nos mienten al respecto y...

La verborrea de la metamórfaga se extinguió al darse cuenta que los ojos de Remus estaban clavados en el chocolate. Como un lobo observando a su presa.

-¿La quieres? -preguntó, enseñándosela. Él sonrió, y asintió lentamente-. Oh, Remus, lo siento por quitártela. Ha sido muy descortés de mi parte. Toma -se la tendió y el abrió la mano para recibirla-. No, no lo siento -lanzó una risita y retrocedió un paso-. ¡Si la quieres, ven por ella! -dijo con voz cantarina.

Remus podría ser serio, calmado, pensativo y callado; pero cuando se trataba de rescatar su última barra de chocolate, había que temerle.

Se levantó de un salto. Vio a la chica correr por el pasillo hacia el salón, y la siguió.

-Dame eso, Nymphadora.

-Mala táctica, Remus. No obtendrás nada llamándome así -contestó, escondiéndose tras uno de los sillones. Estaba de pie, pero con las piernas ligeramente separadas, preparada para correr ante cualquier movimiento de él.

-¡Pero si ése es tu nombre!

Rodeó el sillón por la derecha, pero ella escapó por el otro lado y salió nuevamente hacia el pasillo.

-Nymphadora, por favor. Estás actuando como una niña.

-¡Y tú como un amargado!

Caminó hasta el pasillo, y miró hacia las escaleras.

-Por mi edad y la situación actual de mi vida, creo que está bien que me sienta un poco amargado...

-Nunca es malo divertirse y ser infantil, Remus. La edad no importa. Estos momentos son los que nos hacen bien.

Subió algunos peldaños, y se detuvo en el cuarto.

-¿Ah, sí? -sorprendió a la chica saltando hasta el corredor.

Tonks había salido de la cocina seguramente al escuchar sus pasos dirigirse hacia arriba.

-Para ser una auror, dejas que un profesor mediocre te gane -extendió la mano-. No quiero más juegos. Devuélvemela -le pidió en un tono inflexible y cansado, que sonaba más a orden que a petición.

Ella sonrió y se alzó de hombros, mientras abría su mano y le enseñaba que sólo quedaban dos cuadros de chocolate. Remus se preguntó cómo había tenido tiempo de comerse los otros, si estaba en medio de una persecución, pero prefirió ignorar aquella interrogante. Al menos podría comer lo que quedaba y por fin saciar las cosquillas en su lengua que le rogaban por chocolate.

Sin embargo, Tonks se llevó el pedazo a la boca y mordió un poco.

-No estoy jugando.

Tonks simplemente enarcó las cejas y se cruzó de brazos, desafiante.

-¿Crees que esta estúpida artimaña me intimida? Estás siendo muy infantil -dio un paso-, grosera -dio otro más-, y loca -sin meditarlo, pegó su cuerpo al de ella. Tonks recargó su espalda contra la pared-. El chocolate es mío. No tenías ningún derecho de tomarlo.

-Se me dio la gana, ¿y qué? -moduló con dificultad por el chocolate-. ¿Lo quieres? Ven por él.

Sin pensarlo dos veces, Remus estiró el cuello y mordió una punta del chocolate. Sintió el sabor explotar en su paladar. Mordió otro, y otro más hasta que tocó los labios de Tonks.

Abrió los ojos asustado, y se encontró con los ojos chispeantes de la chica. No sabía si brillaban debido a su habilidad especial o porque así eran naturalmente. Las grandes pupilas cafés le miraban con satisfacción y al sentir que una sonrisa se formaba sobre su boca.

¡Nymphadora Tonks había planeado todo aquello!

La idea de retroceder y darle un largo sermón sobre tenderle una trampa, sobretodo después que le había dado mil y una razones para que no siguiera empecinada en estar enamorada de él, fue rápidamente desechada cuando los brazos de la chica le rodearon el cuello y sus ojos se cerraban.

Su garganta seguía sedienta, pero no precisamente por el chocolate. El sabor dulce de los labios de la chica se hacía con cada segundo más presente.

Tonks lo buscaba, testaruda. Seguía buscando una respuesta, una que él no podía darle. No aunque la sabía en el fondo de su corazón. Y aún así, ella insistía. Lo encontraba, lo taladraba con la mirada y le exigía con palabras duras que si era tan hombre, entonces le dijera por qué no quería aceptarla.

¿Cómo iba a ser capaz de decirle que no tenía planeado un futuro? No cuando tenía un presente desmoronado y débil como éste sosteniéndolo. Pero la tenía a ella. Ahora mismo. Recorriéndolo con su lengua, estremeciéndole todo el cuerpo por el toque cálido de sus manos y la distancia nula que los separaba.

Ella era chocolate. Era su chocolate en el presente; y la deseaba tanto...

Posó sus manos sobre sus caderas, y abrió la boca con desesperación. Tonks tembló, y no supo si por lo primero o lo segundo, mas no pudo evitar sentirse el hombre más feliz del mundo cuando ella dejaba escapar un gemido.

Remus se olvidó por completo que ya no tenía chocolate. Besó a Tonks tanto tiempo que le parecieron las horas más alegres de toda su existencia. Y por unos segundos olvidó al mundo mágico, su desempleo, las deudas, y sus propias inseguridades. Remus deseaba a Tonks tanto como ella a él.

ChocolateWhere stories live. Discover now