CAPITULO 1: EL DESTINO Y EL AZAR

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Capítulo 1: El Destino y el Azar

En el inicio del tiempo, el universo no existía como lo conocemos hoy; era solo un pequeño punto en medio de la nada. Cada átomo que existe hoy estaba encerrado ahí.

Un día, todo eso explotó, causando una expansión de magnitudes colosales jamás vistas por humanos ni dioses, creando en cuestión de segundos cúmulos de polvo y roca. Estos a su vez generaron estrellas, y alrededor de ellas, planetas que conformarían lo que hoy conocemos como galaxias.

Se dice que apenas el universo se creó, aparecieron dos deidades: el Destino y el Azar. A uno le gustaba mantener un cierto orden en las cosas, mientras que el otro disfrutaba alterar lo que su hermano creaba. Entre los dos, se dieron a la tarea de crear el universo como ahora lo conocemos. El Destino construyó los sistemas planetarios para mantener el orden, mientras que el Azar se encargó de poner las galaxias en movimiento. Así, en algunas eras, estas chocarían unas con otras, deleitándose al ver cómo el trabajo de su hermano quedaba deshecho.

Dado que no podían estar al pendiente de todas las galaxias, y mucho menos de todos los seres vivos que se irían creando con el tiempo, el Destino creó deidades menores, copias de él mismo, para gobernar en planetas con potencial para la vida en épocas futuras. Al ver esto, el Azar no quería quedarse atrás. Argumentó que las cosas estaban fuera de equilibrio y que debía haber copias suyas en los nuevos mundos para mantener el orden. Debido a que no tenía capacidad reproductiva, se lo pidió a su hermano, quien accedió y le concedió lo que solicitaba.

Construyeron en el centro de cada planeta con potencial de vida un castillo enorme y elegante, con suficiente espacio para que sus hijos crecieran en diversidad y creencias, para que ninguno de sus hijos fuera igual. Llegada la hora, dejarían ese hogar e irían a gobernar a los seres vivos.

En una de las habitaciones de ese enorme castillo, había un lápiz dotado con el poder del Azar, mientras que el borrador y el libro estaban dotados con el poder del Destino. En ese libro se escribiría el futuro de los seres vivos según las decisiones de sus hijos. Si algún día ese planeta caía en decadencia, el Destino y el Azar regresaban para destruirlo o tratar de arreglar las cosas según lo escrito en ese libro.

Dejaron a sus hijos (o réplicas) en los miles de planetas que el Destino y el Azar acoplaron a condiciones de vida. Les explicaron sus tareas y cada uno tendría libre voluntad de gobernar como decidieran, siempre y cuando propiciaran una vida evolutiva en cada planeta, lo mantuvieran sano y reportaran cualquier problema.

Así fue como nació la vida, y en nuestro planeta en particular, la primera especie que habitó fueron los dinosaurios, seres de poca inteligencia que no representaban ningún avance evolutivo importante. Después de millones de años de existir, dejaron muy insatisfechos a los dioses, ya que no les importaba su entorno ni tenían capacidad para procesar información que les permitiera evolucionar a una forma menos primitiva. Los dioses lo discutieron con el Destino, pero fue el Azar quien felizmente acabó con la existencia de los mismos, para dar paso a una nueva raza que surgiría con el tiempo, mientras el planeta era reconstruido por los dioses y la vida regresaba a él. Desde entonces, los dioses se esforzaron más en la nueva raza, creándolos a su imagen, haciéndolos mortales y sin ningún poder mágico.

Las gemas de los diosesWhere stories live. Discover now