Cold

157 16 6
                                        

Frío.

Todo blanco.

Todo está helado.

Tus manos, acopladas a las mías. Dándome el calor que necesito para sobrevivir en este paraje congelado.

A lo lejos, un reno nos mira vigilante.

Escondo mi cabeza en tu cuello, me besas la frente.

Sonrío.

El cielo se ilumina con colores que jamás imaginé ver.

Me susurras "eh, mira".

Levanto la cabeza y veo tus ojos oscuros mirando hacia arriba, fascinado. Observo el reflejo de esas luces en tus ojos, los tonos verdosos coloreando tu piel, tu barba, tu pelo.

No soy capaz de apartar los ojos de los tuyos. Me basta con esta imagen. No quiero perderme ni un segundo.

Me aprietas las manos. Vuelves a susurrar. "Vamos, Alberto, deja de mirarme".

Pero cómo esperas que deje de mirarte con esa sonrisa tan bonita que tienes. Tus ojos se encogen, tus mofletes se hinchan.

No podría ser más feliz de lo que lo soy ahora.

Bajas la mirada y me observas, sin borrar la sonrisa. Una de tus manos suelta la mía y me acaricia la cara. "Te lo estás perdiendo..." susurras, a centímetros de mis labios.

Pero no entiendes que si no te miro, me pierdo. Te pierdo durante unos segundos.

Pierdo los ejes.

Pierdo el sentido.

Pierdo.

¿Y qué ganaría la aurora, dime?

Te inclinas despacio y tu aliento calienta mis labios.

Me inclino despacio y te beso, cerrando los ojos.

Perdiéndome en ti.

Perdiéndonos nosotros.

Me acaricias la nuca, me acercas, me guías.

Nuestras pieles cambian de color bajo este milagro de la naturaleza.

Pero para mí, el milagro eres tú.

Para mí es un milagro cada mañana que te descubro durmiendo a mi lado.

Cada te quiero,

cada susurro,

cada gemido.

cada sonrisa tuya.

Nuestro beso se vuelve más cálido y aumentan nuestras ganas.

Nos separamos, con cierto miedo a cometer una locura. Nos miramos. Nos admiramos.

Vuelves a coger mis manos y a sonreír, me guías hasta nuestra habitación.

Y sucumbimos al más antiguo de los pecados.

Gritas mi nombre. Grito el tuyo en un susurro.

Saboreo todas las letras, las sílabas, cómo me arden en la garganta.

"Gabriel..."

El éxtasis nos invade y nos corremos, mirándonos a los ojos

juntos.

Me abrazas y me dejo llevar.

Todo es fácil a tu lado. No tengo que pensar en si las cosas van bien

o van mal;

porque siempre irán bien;

porque siempre te tendré.

Y siempre me tendrás

haciéndote cosquillas en los brazos,

murmurando una nana esperando a que te duermas

despertándote con besos en el cuello

preparándote el desayuno, quemando las tostadas.

Te reirás y dirás "qué haría sin ti" mientras acaricias mis mejillas encendidas.

Pero eso lo dejamos para más adelante.

Ahora quiero dejarte dormir mientras aprovecho y veo la aurora boreal asomar por la ventana tras de ti.



Estamos en el fin del mundo.

Al comienzo del nuestro.

Now/hereDonde viven las historias. Descúbrelo ahora