1. Océanos

30 3 0
                                        

Lo único en lo que podía pensar era en aquellos besos tan frágiles y sincronizados, lástima que estuviesen tan vacíos como el vaso de alcohol que dejaste cuando te conocí. Dijiste que no te gustaba el whisky, sin embargo te acabaste todo el trago, quizá yo era whisky, aún así absorbiste hasta la ultima gota de mi certidumbre y lo asimilé cuando comencé a escribir esto. Me daba vergüenza reconocer que un universitario como tú me pareciera una obra maestra, sólo Dios sabe por qué y para quién te creó, un ser con tanta eminencia por sus venas.
Aún con tu presencia sabía que era la última vez que tendría tu regazo lo más cerca posible de mi y traté de memorizar cada detalle de ti, como entrecierras tus jodidos hermosos ojos cada vez que sonríes, ese lunar en tu mejilla izquierda, o aquel otro por encima de tu labio superior. Quizá pude contar tus pestañas, quizá pude besar tus ojos, quizá pude deslizar mis dedos por tu espalda, quizá pude conocer el resto de tus lunares, quizá pude escribir mil y un poemas acerca de tu magia, de tu libertad, de tu crudeza; pero nunca me sometiste a terminar de conocerlas. ¿De qué sirve seguir escribiéndote si no volveré a besarte? ¿De qué sirve si no volveremos a beber del mismo vaso de cerveza? ¿De qué sirve si no volveré a contemplar tu divina sonrisa? Mierda, no puedo con tu sonrisa, no puedo con una sola parte de ti.
A pesar de que eres una majestuosa obra de arte plasmada en carne, hueso y alma por Dios, no mereces mis poemas. No eres digno de que esté hablando sobre ti de esta forma, no mereces mis madrugadas porque sólo a las 3:58 a.m. puedo encontrar las palabras adecuadas para describirte, no mereces mis ojeras, no mereces que te enseñe más sobre el escaso talento que aún tengo para escribir, no mereces mis palabras y jamás lo harás porque mis ideas son utópicas y lo demostraré cuando tenga tu edad, que como una simple utopía de los 15 se quedó.

Decadencia Where stories live. Discover now