Un dia cualquiera, la vida puede cambiar completamente...

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Sentada frente a la ventana, observaba el crudo invierno que se dibujaba en las ramas peladas de los árboles. Bajé la cabeza lentamente y miré de reojo el resto de la habitación donde me encontraba. Se hallaba llena de libros por todos lados en un completo desorden, así que me entretuve arreglando cada una de las hojas arrugadas que se encontraban por el piso, incluso las tazas de té que habían ido quedando por los rincones.

De un golpe y sin explicación, la ventana se abrió y el frío que entraba por allí me congeló hasta el alma. Estaba sola, se me aceleró el corazón y la piel se me encrespó.

Esa insolente y maldita ventana me tenía cansada. Año tras año, como adolescente atrevida, no se ajustaba en sus cerrojos. Intenté cerrarla con todas las fuerzas y logré hacerlo en alguno tiempo, y aprecié el calor del hogar y una vida sin sobresaltos. Sin embargo, no siempre fue de esa manera.

En otras ocasiones, el frío me hizo estremecer de miedo y me mantuve pasiva y paralizada. Y la ventana continuaba abierta.

Hubo momentos en los que le declaré la batalla a ese frío que entraba por ella como una loba recién parida, aunque en una ocasión, digamos la más tétrica, fue cuando abandoné la lucha y quise tirarme ventana abajo, desde una altura casi infinita.

Pasé por todas las etapas posibles y en ese proceso conocí todo tipo de maestros, donde cada uno de ellos colaboró conmigo en el misterio de esa ventana abierta. Esos mentores o maestros aparecieron en su justa medida y en el momento adecuado en las diferentes etapas de mi vida.

Me llamo María Victoria Monserrat y esta es mi historia:

—¡Tío, estoy tan contenta por viajar!, no puedo pensar en quedarme mucho tiempo en un mismo lugar. ¡Necesito conocer el mundo!

—¡Qué exagerada eres, chiquilla! Solo vamos a la playa por unos meses.

—¡Sí! Pero algún día lo voy a hacer —decía abarcando un mundo imaginario circular con los gestos de mis brazos pequeños.

—Está muy bien que tengas altos objetivos. ¿No tienes miedo, Victoria?

—¡No tengo miedo! - replicaba con la mirada baja.

—¿Ni un poco?

—Bueno, la verdad que bastante, pero más de extrañarte a ti y a Natacha, que son los que me ayudan siempre. Nada más.

—¿Y tus padres?

.-- Mi papá creo que me va a apoyar sin duda y mi madre no creo que lo note.

—¿Por qué dices eso?

—Porque nunca la veo. Solo te tenemos a ti, mi hermana y yo. Papá hace mucho con llevarnos al colegio, a las clases de piano o inglés y estar con las dos, con la ayuda de Emilia, la chica que nos cuida. - decía casi en susurros.

—Sí, eso es verdad, pero debes entender a tu madre. Es muy trabajadora, no es que no las quiera, creo que su desespero por trabajar tanto es justamente por amor a que ustedes para que no pasen por lo que ella pasó en la vida.

—¡No sé! Igual no la entiendo. Lo importante es que viene con nosotros al viaje y se queda papá al cuidado de los negocios.

—¿Qué edad tienes ahora, Victoria? —volvía a preguntar mi tío al mismo tiempo que rezongaba delicadamente a mi hermana Natacha, que era incesante su movimiento dentro de la camioneta, como una muñeca a cuerda.

—¡Tío! —le respondía enojada—. Tengo casi trece y Natacha, seis. Soy muy grande. ¿Verdad?

—Sin duda —decía con la risa en los labios mi tío Moisés, un hombre rudo de aspecto, pero muy apuesto. Tenía la piel tostada, curtida por su trabajo de albañil. Su rostro armonioso estaba coronado por una sonrisa blanca y perfecta. Era alto e imponía respeto, pero a la vez poseía una gran sensibilidad con los niños y el resto de la gente. Era extremadamente ágil, decidido y con mucha energía de amor por todos. De hecho, en su tiempo libre se dedicaba a ayudar en la construcción de las casas de muchas personas, recaudando solo el amor como agradecimiento.

Gitana Peligrosa. COMPLETA.Where stories live. Discover now