Ella estaba tumbada en la húmeda yerba, tenía cerrados los ojos y el color verde inundaba su mente. Para ella ese color, daba absoluta tranquilidad, abría todos los sentidos y captaba la atención de cualquiera de sus admiradores. Era su color preferido, pero amaba más, las cosas de este mundo que lo llevaban. Cómo puede ser el césped del pequeño jardín detrás de su casa.
En su mente todo cambió relativamente de escena, pues ahora, ella se encontraba en su clase de la antigua ciudad. Que vieja parecía en comparación con lo que había visto ahora. Su vista no alcanzaba de las colinas que se veían por la ventana. La profesora, abrió el libro, y intencionadamente colocó su mano en la foto de la niña de la página 73. Ella, sentada en su pupitre, obedeció y seguidamente, miró la fotografía de la niña, más bien parecía un anagrama, y se movía. Le entró un escalofrío, pues esta le miraba de manera terrorífica y arrebatadora. De pronto, un lamido húmedo inundó su cara. Se trataba de Gim, su perro. Ella se levantó de golpe y al ver a este, sonrió. Siempre tan oportuno, y poco previsible, pero por una vez me has salvado, dijo.
A ella le gustaba mucho Gimli, jugaban hasta el atardecer y era, practicamente, su mejor amigo. El siempre andaba detrás de ella, su madre decía que no le quitaba ojo nunca y que cuando dormía, siempre pasaba unos minutos mirándola, como si no lo fuera a hacer más. Ella lo admiraba todavía más, no era un simple perro lo que la saludaba todos los días al volver de clase, si no su hermano, que siempre le sacaba una sonrisa, por muy tormentoso que hubiese sido el día.
Ella corrió deprisa dentro de la casa, y este la siguió. Estraron en una habitación, decorada de blanco y combinada con verde. Debía ser la de Tauriel. Gimli subió a la cama y ella abrió el armario, cogiendo así todas las prendas que habían dentro. Ella canturreaba combinaciones de colores y caminaba de un lado a otro pensando y diciendo cosas sin sentido. Gimli la miraba, siempre la miraba. Por fin, Tauriel decidió ponerse una prenda, la cual era azul y con lentejuelas. Se miró en el espejo y después de unos minutos de deliberación, dijo:
-Nada me queda bien, y no voy a ir. ¿Qué opinas Gimli?
Gimli reposó su cabeza en la cama y hizo signo de que no sabía que hacer. Tauriel lo imitó y se tumbó en la cama a acariciarle.
De pronto, sonó la cerradura de la puerta y Tauriel dedujo que era su madre. No le daba tiempo a cambiarse en el instante que tenía hasta que abriera la puerta y de pronto, la vió vestida con el traje azul.
-¡Pero que guapa vas Tauriel!- Repitió y repitió después de que Tauriel le insistiera en que no iba a ir.
Ésta, harta de discutir con su madre, se dirigió a cambiarse, lo más rápido posible.
-Debería de haberle dicho que no-le dijo a Gimli- Me comprometí para ir a una fiesta a la que sabía que nunca iba a asistir- continuó- Podría llamarla y decirle que no iré a su queridísima fiesta tan internacional como su fama y disculparme como una buena princesa que es, y después, marcharme campante y satisfecha, después de asegurarme que ningún escudero y guardaespaldas me secuestrará por no asistir a semejante evento- se liberó.
-Yo no estoy hecha de esa pasta Gim... Yo no soy como ellas, yo tengo un mejor amigo y miles de mundos por recorrer, ¿Entiendes? Mi vida es genial- dijo.
Y entonces, se dirigió a su estantería verde y cogió el libro que llevaba un marcapaginas dentro, lo abrió y se adentró en una historia en la que siempre podía volar.
BẠN ĐANG ĐỌC
El Retorno De Tauriel
Kỳ ảoTauriel es una chica normal y corriente, pero de pronto un día, su vida cambia repentinamente, embarcándose en aventuras inimaginables y conociendo gente y lugares tan mágicos como nunca nadie podría imaginar.
