Esta es la historia de un hombre envuelto completamente en su trabajo, dejando de lado a sus seres queridos y haciéndole mucho daño a una persona que lo ama mucho. Solo la perdida de su amor hace al hombre reaccionar, y darse cuenta de cuanto lo ama...
En una fría tarde de otoño, en lo alto del último piso del edificio de una de las empresas más exitosas del país, se estaba ejerciendo una importante reunión de negocios, dirigida por un omnipotente y joven hombre.
Ese era Dorian Redgrave. A sus 25 años, tenia el liderazgo de la empresa de la familia ,que heredó de su padre y la manejaba muy bien, llevándola hacia el segundo lugar en su país, pero la meta de Redgrave era ser el mejor del mundo, como le había prometido a su padre antes de este morir hace 2 años.
Sin embargo, no fue fácil llegar hasta donde estaba ahora. El rubio se la pasaba horas en el trabajo por una que otra cosa, si no era reuniones, era revisar unos formularios o planear inversiones.
El joveni no tenía vida social, se distancio de sus amigos y casi de su familia por respirar, hablar y pensar puramente en el trabajo.
Solo había una persona que lo aguantaba y lo toleraba...
-Y con estas inversiones podemos...- su charla se vio interrumpida por la vibración de su teléfono celular en el bolsillo derecho de su traje. - Discúlpenme, un segundo - Dorian saco el teléfono de su bolsillo y vio quien llamaba. Era su novio, con quien ha estado desde que se graduó de la secundaria. Se graduaron juntos de la universidad y se querían mucho.
Pero últimamente se han ido distanciando, debido a que hace 6 meses atrás desde que heredo la empresa de su padre, Dorian se había empeñado en llevarla a la cima, descuidando a su familia y a su novio. Y la verdad estaba sorprendido de que este no lo había dejado, ya que sus amistades de hace años si lo hicieron.
'Ahora no podre contestar' se dijo Dorian a sí mismo, mirando fijamente la pantalla de su celular 'no debe ser nada importante' y colgó. Guardo el teléfono en su bolsillo y volvió al frente junto a la pizarra, que mostraba un gráfico.
-Haber...¿Dónde estaba? Ah sí...- Y siguió explicando.
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Al otro lado de la línea, el chico con el que Dorian salía no pudo contener las lágrimas. No era la primera vez que le hacía eso, pero nunca se acostumbrara al dolor. Le dolía que el rubio valorara más su trabajo que a él.
Sam Darkworth se limpiaba las lágrimas de mala gana, olvidándose de donde estaba. Estaba en el lugar equivocado, el momento equivocado, y corriendo grave peligro.
En el medio de la calle, el semáforo de peatones estaba rojo, el de Automóviles, verde. Un camión venía a toda velocidad hacia Sam, y cuando se dio cuenta, era demasiado tarde.
Un fuerte golpe, y todo se volvió negro.
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