¿Hasta cuándo iba a seguir así? A Pedro, Pablo lo estaba poniendo de los nervios. Su discurso estaba resultando poco serio y eso le irritaba. Por no mencionar que sólo ver a Pablo le ponía nervioso. O, mejor dicho, simplemente le ponía. Como aquella vez en la que los dos se reunieron para un posible pacto de gobierno. Pablo no dejaba de taladrarlo con aquella mirada, como si quisiera conseguir que el varonil Pedro Sánchez se ruborizase delante de él y ante las cámaras.
Y entonces lo dijo. Dijo aquello que tanto había temido.
-Pedro, sólo quedamos tú y yo.
Pedro trató de permanecer apacible, pero las emociones que sintió en su interior en aquel momento fueron indescriptibles. Miles de mariposas revolotearon violentamente y golpearon su estómago, acompañado de un pequeño mareo debido a los nervios. Sintió que sudaba por el cuello y la espalda.
Se encontró con los ojos de Pablo, con una mirada un tanto pervertida.
Para que me entendáis, algo así:
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Le sostuvo la mirada hasta que Pablo rompió esa conexión, sonriendo y ruborizándose de una manera que hizo que Pedro casi muriese de la ternura. Algo así:
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Después de aquello, Pablo ya comenzó con un discurso más formal y serio. De hecho, le metió por todos lados a Pedro. De todos modos, él lo veía cómico e interesante. Le satisfacía que Pablo se dirigiese a él y que le prestara atención.
Al finalizar el pleno, Pedro se dirigió a los lavabos para asearse. Se encerró en una cabina, hizo sus necesidades y cuando salió, se encontró con un Pablo Iglesias sonriente, apoyado en uno de los lavabos.
-Pedro.
-Pablo. ¿Qué tal?-le preguntó el socialista, tratando de sonar calmado ante la presencia de el coletas.
-Bien, gracias-contestó Pablo.
Pedro abrió el grifo y mojó sus manos en una mezcla de agua y jabón.
-Así que sólo quedamos tú y yo, ¿eh?-comentó.
Cogió papel, se secó las manos y lo tiró en la papelera. Después se giró para encarar al podemita, pero se sobresaltó al encontrar su rostro a escasos centímentros del de Pablo, quien cortó la pequeña distancia que los separaba. Comenzaron algo deprisa, pero la cosa terminó con un tierno y delicado beso.
Se miraron a los ojos, respirando el aliento uno del otro. No se dijeron nada más. Salieron de los servicios del congreso y tomaron distintos caminos.
Pedro se acomodó en la parte trasera del coche. Seguía confuso por lo que acababa de suceder. En ese momento, su móvil vibró bajo el bolsillo de su pantalón. Lo sacó y leyó un mensaje de Pablo.
Pablo: La política está siendo muy injusta en estos tiempos, y la derecha puede ganar esta batalla. Así que sí, sólo quedamos tú y yo ;)
Y ahí sentado, Pedro esbozó una sonrisa de enamorado digna de fotografiar y enmarcar.
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Este pequeño one shot es para el día de peblo, que fue el 7. Sé que llego dos días tarde, pero me hacía ilusión publicarlo.