El ordenador que pretende dar sentido a mis pensamientos se encuentra ahora frente a mí, los sonidos que desagarro en estado frenético alcanzan para acallar a un coro de seres desdichados. Escribo mí experiencia más traumática hasta este momento, la respiración está agitada, mis sentidos encendidos por la euforia y el terror del momento, el sudor impregna mi cuerpo, no siento frío, no siento calor, solo la evaporación del liquido que recorre mi espalda, solo la sensación de escalofrió en mi cuerpo presente. Antes que el olvido nuble mi conciencia y la represión haga su trabajo relatare lo que ahora está tan vívidamente escrito en mi mente.
Fue el inicio de un día calmado como cualquier otro, encuentro en mis días un espacio de soledad amplio, ancho sin un final, satisfago a mi tristeza dejándola llenar mi cuerpo, las pérdidas, siempre están ahí, rondando mi cabeza. El pasado figura en una danza un interminable, nada vuelve a ser lo mismo, todo muta, todo se transforma en una realidad que debe de nuevo ser adaptada. Veo el celular, espero vagamente su mensaje, aquel que sé no llegará. Alguna parte de mí sigue aferrada a esa esperanza, misma que crece y aniquila mi capacidad de soñar.
Tallo mi vista, dejo que se clarifique todo, acostado sobre este espacio de plumas decido tomar un paseo, tal vez eso me aleje de la realidad que no quiero y me resisto a vivir. Busco lentamente las llaves y al hacerlo voy obswrvando todo a mí alrededor siempre admirado por la vaguedad de mi hogar, un pequeño mueble con algunas notas que al leereo no alcanzo a comprender, un librero lleno de textos sin sentido, río como un niño al darme cuenta del cliché burlesco en el que me encuentro. Rodeado del silencio en esta cabaña que es participe de mi decisión de alejamiento de todo aquello que me evoca el temor de la verdad, de los seres inanimados que vagan ahora en la tierra en forma de seres carnales, del mundo frío que surge de mi ser y me rodea con esa sonrisa graciosa, del lugar que algunos ayeres llamaba hogar, y aún con más energía me deshago (o trato de hacerlo) de los sueños sin significado que ahora llenan mi cansada y desgarrada mente.
Antes solía maravillarme con lo magnifico de cada sueño, veía con admiración las creaciones mentales que lograba con cada momento de descanso, no terminaba ahí pues al estar junto a mis hermanos soñadores volábamos y danzábamos en la realidad, llevando al plano físico las más inimaginables creaciones. Solía analizar su mejor ejecución, me dedicaba en esencia a fortalecer las visiones de mis hermanos con la propia, como si fuera una especie de director de orquesta que guía una gran obra que pareciera nunca terminaría. Ahora todo parece tan absurdo, tan gris, los sueños giran en torno a un dispositivo, a un vestido, todo lo falso de esta realidad es lo ahora soñado, son escasos los “pioneros” que se atreven a volver a viajar al universo y sacar de ese sitio los más sublimes aprendizajes.
El vacío vuelve a presentarse, me saca de mi recuerdo y penetra más hondo en mi interior. Tomo el abrigo, me ato las botas pues sé que será una larga caminata la que tendré para olvidar o para siquiera tratar de digerir mi situación actual. Salgo de la cabaña y emprendo el viaje, el blanco paisaje ante mí siempre tiene algo mágico que aportar, la representación de la nada, del nirvana presente en la naturaleza externa a nuestra conciencia divina; el dibujo de pinos se abre ante mi vista. Decido tomar la ruta a mi derecha que lleva al lago congelado de esta temporada invernal, tal vez el nulo sonido del agua congelada calme mis sentidos heridos, posiblemente este momento sea lo más acercado a mi poder de parar el tiempo.
Escucho los ritmos esenciales de la naturaleza, me uno a ellos con respiración lenta, cada exhalación me aleja del pasado y me conecta al aquí, el movimiento de las hojas de los árboles se hace al mio propio, las sensaciones que los árboles despiertan en mi cuerpo al tocarlos me revitaliza, las yerbas húmedas mojando mis pies me recuerdan el lugar de mi nacimiento, ahora soy uno con la madre naturaleza.
“Breves son los momentos de alegría y paz, breves son los momentos de alegría y paz”, debo grabarme a fuego esto para no caer en el vacío de nuevo.
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Vestigios de una cordura olvidada
خيالCuando la pérdida crea un vacío que no es posible superar, el olvido se vuelve mi mejor amigo. Es extraño, al leer de nuevo lo anterior ya no tiene sentido. El olvido y la soledad son ahora mis destino.
