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Abro los ojos, mirándo a la derecha para encontrar calor a mi lado. Pero nada; solo está la sábana fría. Sin que pase mucho tiempo, me levanto de golpe. Salgo por la puerta, y veo a mi madre con mi hermana sentadas en la mesa, desayunando.

- Buenos días ____ - dice mi madre con voz ronca.

- Buenos días mamá. - sin prestarla más atención, me dirijo a mi hermana pequeña, Lucy, para darla un beso en la frente - buenos días Lucy.

Sin desayunar y amargada por el rostro y estado de mi madre, me visto, me pongo el abrigo y salgo de casa. Desde que mi padre desapareció sin dejar rastro. No sabemos nada de él, solo que mi madre nos está jodiendo la vida a Lucy y a mí, por su culpa. 

Me dirigo a casa de Nathan, para dar una vuelta e ir a nuestro sitio escondido, que se basa en una pequeña cueva, prácticamente al lado de su casa. Nathan es mi mejor amigo desde hace seis años, cuando la desaparación de mi padre. Me metí en esta cueva a llorar, enfadada y triste, y justo vino él. Me dijo que me había seguido hasta la cueva, porque se había preocupado por lo que ocurría. Las mujeres del pueblo siempre andan comentando, pero esta vez se equivocaban. Cuando Nathan entró, sentí que le debía una explicación, aunque no le conociera de nada. Solo el hecho de preocuparse por mi, le hacía parecer una persona de confianza. Aunque no soy buena haciendo amigos, el hizo de mi una persona más... sociable y amistosa. Estos momentos son los que merecen la pena; solo él y Lucy pueden hacerme reír o sacarme la sonrisa más diminuta. 

Es domingo, por lo que no hay colegio. Más bien, Nathan y yo ya no tenemos que ir. Él tiene 19 años, y yo 17. Lo que pasa es que yo debo de acompañar a Lucy al colegio hasta los 16; o hasta que mi madre se espabile. Nunca, desde que mi padre se fue, he vuelto ha tener una conversación consistente con ella. Solo hablamos lo mínimo: hola, bien, buenos días, buenas noches. Ni besos, ni abrazos. Nada. 

Cuando llego a la cueva, veo a Nathan esperándome dentro. Cuando le veo, no puedo evitar no sonreír. 

- Buenos días Nathan.

- ¿Qué tal estás ___?

En ese momento me vuelvo a perder en su mirada profunda. Si lo examinamos bien, tiene los ojos grisaceos, pelo de punta, pero cortito. Es alto, y aparenta más edad de la que tiene. 

- Bien... - digo con la cabeza gacha.

- Mejor no pregunto, ¿verdad?

- Si, olvídalo. - le sonrío - ¿Este año toca?

Su mirada lo dice todo. Yo me siento, apoyándo la espalda contra una pared de la cueva. 

- ¿Y no se sabe el toque?

- Nunca se sabe. A si que hoy tenemos que estar pronto en casa. ¿Has avisado en casa de que si toca y sigues aquí, te quedarás en mi casa?

- No. Ni si quiera sabía que era hoy. Igualmente, no la importa.

Hoy no nos reímos tanto como solemos. Esta tarde, o noche, o en cinco minutos, darán un toque que indicará que la lucha por salvar tu pueblo va a comenzar. En ese toque tienes que salir corriendo, no estar en la calle. El chico y chica que vean fuera de casa, es el elegido para luchar. No todos los años se celebra, solo cuando la parte rica del estado quiere algo más de emoción en sus vidas. 

Nathan y yo nos limitamos a hablar del Estado, del presidente y de las luchas que se celebran a propósito, donde mueren 11 personas, dos de cinco pueblos y una de un pueblo. El superviviente será el vencedor, y supuestamente el pueblo del vencedor tiene veinte años de paz y tranquilidad. Nathan se enerva hablando de estos temas, por lo que empieza a insultar a todas las personas que organizan estas luchas; las luchas del Estado. En nuestro pueblo, Cornomus, solo ha habido un vencedor, que pasa de absolutamente todo. Esos veinte años de paz pasaron hace cinco. Nunca me había arriesgado a salir a la calle en el día del toque, pero desde que conocí a Nathan todo cambió. Me daba igual salir o no, porque sabía que hasta que no viese a Nathan no sabría que es el día del toque. 

De mi madre no me preocupo, porque está inmóvil en casa, y de Lucy tampoco; no es habitual en ella salir a la calle, no se siente cómoda y prefiere quedarse en casa sentada o tumbada leyendo un libro o jugando con Roob, nuestro pastor alemán. 

Nathan y yo estamos hablando, cuando de repente me manda callar.

- Shhh. 

- ¿Qué..? 

Me callo al oír un cañonazo. Nathan me agarra del brazo y nos levanta a los dos de una vez. Salimos corriendo hacia su casa. Todo el pueblo está corriendo para ponerse a salvo, pero los guardias del estado han llegado, con las correas donde atraparán a los luchadores de este año. Corro todo lo que mis piernas me permiten, y aunque soy rápida, Nathan lo es mucho más. Él sigue agarrándome el brazo, pero me paro en seco haciéndome que Nathan me suelte; Lucy se encuentra en el centro de la plaza.

Las Luchas del Estado.Where stories live. Discover now