Las hojas de los árboles se movían con fuerza haciendo un ruido delicado y rígido a la vez, sentada bajo uno de esos enormes árboles, con sus hojas doradas que caían lentamente, balanceándose por el viento hasta aterrizar suavemente sobre el pavimento de la será, miraba con atención a una pequeña hoja que quedaba colgando de una rama algo frágil, me levante con pesadez para observar bien, entonces vi que ese era el final de su ciclo en ese árbol, al igual que sus compañeras se iría, para que otra hermosa y verde hoja la reemplace en primavera. Bajo la tarde del cielo de otoño, caminaba por el mismo parque de aquella tarde, entonces vi el lugar vacío, la pequeña hoja había desaparecido al igual que sus compañeras.
-Simplemente no me he ido- la voz invadió mis sentidos auditivos poniéndome rígida y pálida como la nieve en invierno.
Sin movimiento pensaba ligeramente.. -¿Qué podía ser esa hermosa voz?- me pregunte mientras lograba mover un pie para adelante; cuando logré aquel movimiento, seguí mi rumbo, sin ponerle cuidado al suceso de hace un rato, no tenía miedo, no creía en fantasma pero sí en el amor que le tenía a un pequeño hombre, a un pequeño ángel, a el corazón que le entregue y que sabía enormemente que se lo había llevado con el.
-No te he dejado, estoy aquí- susurraron a mi oído. Mi piel se volvió gélida, me levante rápidamente de mi cama... quedando en frente al espejo... el aire no mentía, era una sensación... clara y fácil de imaginar, un ángel estaba en mi habitación, mire a todos lados y en la cómoda, había una pequeña hoja de árbol, seca, color cobre, rasgada... ne acerque a ella, con mi mano todavía pálida la tome delicadamente... entonces leí:
"En el simple otoño... una pequeña de sus hojas... podía marcar el amor que tienes y aliviar la soledad que te congela."
