Cielo

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   Abro los ojos. Me encuentro mirando el firmamento. Es completamente bello. Una naranja intenso con unas nubes grises que buscan taparlo. Pero el naranja sigue ahí, fuerte y veraz. No aparto mi mirada de él, no puedo, pero no entiendo cómo llegué a aquí, de hecho, no sé donde estoy. Comprendo que estoy acostado sobre un suave pasto, lo logro sentir. Aún así, continúo mirando el cielo.

Hacia el horizonte toma un color más claro, como un naranja amarilleado, aunque se podría ver como un marrón claro. Me recuerda al cabello largo y fino de una hermosa joven que me crucé en la playa en el verano del dos mil. Su cabello era suave, o al menos cuando me imaginaba tocarlo parecía una suave brisa. Su cara era pequeña, pero muy prolija. Sus ojos verdosos estaban situados en una niña jugando en la arena. Y su sonrisa, ¡Oh, su sonrisa! Era perfecta, te llevaba a otro mundo. No me detuve a mirar su cuerpo, no me importó, a pesar que es lo único que me atrae en las mujeres que no conozco. Fue la única vez que me sentí atraído a una desconocida sin mirar su cuerpo.

Y sé que no era amor. Amor fue lo que construí con mi esposa. ¡Qué buena mujer! Helena era una excelente maestra, sus alumnos la amaban. Aunque ella siempre quiso dedicarse de lleno a la pintura. No se lo permitió. Si bien yo en la empresa ganaba lo suficiente como para mantener a nuestros hijos, no soportaba la idea de que yo trabajase y ella pinte, pensando en su fracaso y en que eso sería aprovecharse de mí. Tendría que haberla apoyado más. Es que el tiempo, los hijos, uno no puede... No, no voy a buscar excusas. Me comporté como un desalmado frente a ella. ¡Con lo bellas que eran su pinturas! Le debo la vida desde aquella vez que mis padres se enfermaron y ella acudió a mudarse con ellos mientras yo me quedaba en casa con los niños. No fui yo debido a que mi padre no me dirigía la palabra desde ciertas desigualdades con la empresa. Sabía que él nunca me perdonaría. De hecho, nunca lo hizo. Pensar que las ultimas palabras que cruzamos fueron "hola". Ni siquiera nos preguntamos como andábamos. Ya llevaba muerto más de una década.

Realmente me enamoré del alma de Helena, pero aún así, sé que si estuviese ella en enfrente mío y a su lado, la joven de la playa. Iría con esa joven a que me mire con esos ojos verdes, me sonría con esa boca y me bese con esos labios. Sin importarme en nada su alma, su forma de ser, su corazón.

Las nubes logran al fin tapar por entero el firmamento. En el cielo gris se escucha un trueno y comienza a llover. Me estoy mojando. Me gustaría levantarme, ir a honrar la memoria de mi padre, disculparme con Helena y buscar a aquella dama que me crucé aquel verano y aunque sé que sería inalcanzable para mí, intentar. Pero quiero seguir mirando el cielo.

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⏰ Last updated: Oct 19, 2017 ⏰

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Cuando La Vida TerminaWhere stories live. Discover now