El Debut

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Estaba a punto de quedarme dormida. Entonces, llegó él.

Solo se acostó a mi lado y me abrazó. Me di la vuelta para quedar frente a él. Estaba oscuro así que no podíamos vernos, pero podía oler su aroma y sentir como su mirada intentaba encontrarme. Entonces, puse mi mano en su rostro para poder localizarlo y él apretó mi cintura. Me acerqué un poco y lo besé.

Me hacía tanta falta y, al parecer, a él también porque no dudó en acabar con la distancia que se interponía entre nuestros cuerpos y apretarme como si de alguna manera me fuese a desaparecer.

Y el beso... el beso fue tan... rico. Tenía un tono de picardía y de ternura que de todos los lugares del mundo este me parecía el mejor en ese momento.

Nuestras respiraciones se aceleraron al unísono de nuestros latidos. El beso se iba poniendo cada vez más excitante. Era un juego de labios, lenguas y mordidas. Sus labios encajaban tan perfectamente con los míos. El tacto de nuestras lenguas solo hacía que nuestros cuerpos ardieran más y las mordidas causaban que quisiera arrancarle la ropa.

No tengo ni la menor idea de como sucedió, pero en un rato, ya estaba encima de él. Una pierna en cada lado de su cuerpo, sentada en su entrepierna y con sus manos en mis caderas. Eso me excitó tanto que seguí besándolo mientras intentaba quitar su pantalón. Simples roces un tanto frenéticos contra su miembro ya bastante duro, hacían que quisiera más. Así que luego de lograr quitarle su pantalón y de él quitarme mi pijama, me quité mis bragas.

Por un segundo nos quedamos helados como pensando si esto estaba bien, pero luego él me agarró por la nuca y me atrajo hacía sí para seguir besándome y cualquier duda de si estaba bien o no desapareció en el momento de placer.

Él se quitó su ropa interior y comencé a besar su cuello y dejando un rastro de besos, lamidas y mordidas bajé por su pecho, su abdomen hasta llegar a su miembro. Para esto, ya él estaba hiperventilando lo que me sacó una sonrisa de orgullo. Pasé mi lengua desde la base hasta la punta por la parte de abajo y cuando llegué ahí, introduje su pene en mi boca. Se sentía tan bien escucharlo gemir. Para entonces ya él estaba sentado. Estuve entretenida un rato, pero no quería que terminara ahí así que volví a subir dándole besos, lamidas y mordidas y agarrando su miembro con una de mis manos.

Volví a sentarme sobre su entrepierna, pero esta vez, su pene estaba erecto así que a su vez él me ayudó a introducirlo dentro de mí. Admito que dolía bastante, pero él lo hizo con suavidad y ternura. Me empezó a besar el cuello mientras me acariciaba la espalda. Con mis manos en su nuca, comencé a moverme y se sentía muy bien. El dolor tenía sus desventajas, pero el placer hacía que me olvidara de todo. Sus manos estaban en mi cintura y en cada movimiento, me apretaba y debo admitir que eso me excitaba mucho más.

Los gemidos eran casi imposibles de controlar. Se sentía tan bien que juro que haría esto toda mi vida con él si fuese posible. Llegó un momento en el que solo quería más intenso así que los movimientos eran más fuertes y duros. Beso, mordida, lengua, dentro, fuera, apretón, gemido, ahh... los gemidos ya eran gritos y no me preocupaba levantar al vecindario, pues este era mi mejor momento.

Alcancé mi climax y conmigo él. Estábamos exhaustos y solo me bajé de encima de él y me acosté un poco sudada y jadeando. Entonces pasó lo más tierno; me dio un beso en la frente y se acostó abrazándome. Y lo mejor; al oído me dijo un tierno "Te amo" y entonces, sin darme cuenta, me dormí con una sonrisa.

MemoriasWhere stories live. Discover now