prologo.

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"¡Viktor Vice, gobernador mundial y principal exportador de Luca, te ofrece un plato caliente en la sede de Accídia, no hay necesidad de ser tímido, te estamos esperando!". Rezaba una propaganda corroida en un poste eléctrico. Tonterías, ya no existía nadie que sucumbiera a esa mentira. Miré a mi alrededor, me encontraba en una encrucijada de cuatro carreteras, acompañado de mi fiel amasijo de cables con forma canina, Glicht, yo mismo lo fabrique con placas de aluminio y algunos cables lucanos, rellenos del poco Luca que se podía conseguir en los depósitos de grandes ciudades, los pistones de sus cuatro patas sonaban de manera regular, casi rítmica. Justo cuando me detuve pisé un charco de lodo y, mirando hacia abajo, pude ver mi rostro distorsionado por las ondas en la espumeante sustancia, hacia dos semanas que no me miraba reflejado en ninguna superficie, una severa y sucia barva cubría la mitad inferior de mi rostro, mi mirada de ojos marrones era curiosa, como si fuera la primera vez que veía lo que tenía delante, mi pelo quedaba cubierto por una capucha, que no quepa decir, también estaba sucia. Me hablé a mi mismo y me dije que debía de hacer algo, "tengo razón, siempre la tengo" me respondió el reflejo. Saqué mi cuchillo de caza y me dispuse a afeitar lo que obstruía mi boca, casi terminaba cuando un corte cercenó mi mejilla, lo que me hizo proferir un insulto al aire, rápidamente busqué mi pomada de Luca y la unté en la herida, escocía, sí, pero diez segundos después ya había cicatrizado.
Me puse de pie y sintiendo el frío en mi cara marché a hacer lo que mejor se hacer, robar lo que ya no es de nadie... Chatarrero dirán algunos, basurero dirán otros, "¿y que?" diré yo, menos da un núcleo de fusión nuclear portátil estropeado.
En todo este tiempo había aprendido a diferenciar la basura de los tesoros, si veía algo que me interesaba podría haber dado la vida por conseguirlo, de hecho la katana que llevo ceñida al cinturón es uno de esos tesoros, encontrar este tipo de espadas en mitad de Italia ahora es lo más normal del mundo por una movida política bastante aburrida que se dio entre Japón e Italia.
Glicht corrió adelante y comenzó a ladrar, más o menos, frente los despojos de un muro que todavía seguían en pié, siempre hacia eso cuando encontraba una fuente de Luca, está programado para eso. "Buen chico", solté mientras acariciaba la metálica carcasa que mantenían los cables y las articulaciones mecánicas en su sitio. Desenfundé la katana, por seguridad, y me dispuse a ver de qué podría provenir aquella fuente de usos infinitos. Miré al suelo tras el maltrecho muro para descubrir un androide MK 3 modelo de excavación, con su taladro multiusos soldado meticulosamente en el brazo derecho. El desgraciado robot movió la cabeza hacia donde me encontraba e hicimos contacto entre comillas "visual", la cara de un humano sin piel se quedaría corta para describir lo horrible que era ese rostro metálico, sangraba Luca por las juntas del torso y a penas podía mover el cuerpo.
- Reparación requerida urgentemente.- pronunció una voz sintética que automáticamente se convirtió en un horrible sonido de estática.
Algo se rompió dentro de mi al ver al miserable humanoide, lo cargué a cuestas y decidí llevarlo a mi taller donde podría repararlo. Al estar hecho de titanio no era muy pesado, aunque normalmente me valgo de un remolque para hacer mi trabajo, si lo usaba esta vez levantaría sospechas, y al viejo no le gusta eso
- ¡Glicht! Volvamos a la zona segura, tenemos trabajo.

LucaWhere stories live. Discover now