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Sonrió con remordimiento en su mirada mientras admiraba aquella carpeta repleta de sus dibujos. Hacia casi una semana que no era capaz de agarrar su lápiz sin soltar lágrimas o tener escenas de nervios. Se había vuelto completamente loco y estaba siendo separado de su mas grande liberación, el dibujo.

Tomo la taza de café que se encontraba en el escritorio para dar un sorbo mientras dirigía su vista a la ventana. La lluvia de aquel día de invierno se mostraba cada vez más fuerte, las gotas hacían un ruido seco al golpear la madera de su casa, el silbido voraz del viento lo ponía a alerta. Se sentía incómodo, incompleto... nervioso. Sabía que, si buscaba en su memoria, hallaría la respuesta de su complicada situación, pero estaba tan asustado de que aquella no fuese satisfactoria que prefería continuar con su situación actual. Suspiró cerrando los ojos. Segundos pasaron cuando una imagen azotó su cabeza... Una sonrisa, una sonrisa femenina. Abrió los ojos por inercia, soltó la taza que tenía en manos. El ruido de esta haciéndose pedazos en el piso, fue completamente estrepitoso debido al silencio abismal de aquella casa. Pero el sonido no sólo se produjo dentro del ambiente, si no también dentro suyo. El vacío que lo llenaba, irónicamente, se vió interrumpido por aquella ruptura material que, en su interior, era algo más. Se dejó caer sobre el borde de la cama completamente exasperado.

Todo había comenzado aquel atardecer cuando, aburrido, decidió sentarse a dibujar. Por lo general antes de empezar tenía una idea clara de que quería plasmar. Esa tarde no. Comenzó haciendo trazos por la hoja en blanco, algunos finos, otros gruesos, algunos cortos, otros largos... Pero sin formar nada en concreto.

Minutos después de haber empezado, sucedió algo difícil de explicar hasta para el mas hábil entendedor. Su mente se había disipado a tal punto que, cuando pudo conectarse otra vez a lo que conocemos como realidad, temió por su cordura. No supo cuando, ni porque, ni exactamente como, había hecho para terminar aquel retrato que se encontraba frente a él. Soltó el lápiz y admiró el dibujo con una completa duda dentro suyo. En aquella hoja que hacía unos segundos se encontraba vacía, había un detallado rostro de una mujer. Parpadeó perplejo. Se aterro cuando sintió aquel tan conocido dejavú. Conocía a aquella fémina. Aquella mirada le era tan familiar al punto de generarle escalofríos. Se levantó, dirigiéndose al baño a tomar una ducha fría para despejarse de aquel tormento. No le daba miedo dibujar mujeres, no le daba miedo el hecho de haber dibujado una. La pérdida de consciencia mientras llevaba a cabo aquel trabajo manual sumado a la familiaridad con el resultado eran su molestia.

La situación comenzó a transformarse en algo diario, de costumbre. Su dinámica no le permitía pararse ni dos segundos a admirar lo que allí ocurría. La habitación propia era reflejo de la mente del chico, las paredes habían dejado atrás su insulso tapizado, siendo ahora eran testigo de una mente al borde del abismo. Los dibujos eran distintos, cada uno de ellos mostraba una situación absolutamente distinta, pero todos tenían algo en común... La protagonista era ella. Una chica de rasgos delicados y sonrisa fría.

Soltó un suspiro profundo mientras observaba el techo. Se preguntó cuando todo había perdido completamente el sentido. Recordó con exactitud cada momento relacionado con ella.

Recordó una tarde en la que había decidido intentar terminar con aquello, volver a ser aquel chico normal sin ninguna meta en la vida. 

La tarde se mostraba radiante, por lo que no pudo evitar querer sentir aquello. Tomó su usual abrigo y se dirigió al parque en el que solía jugar con su difunta madre. Sonrió inconscientemente ante aquellos enternecedores recuerdos mientras se sentaba en la oxidada hamaca. Se meció suavemente sobre esta. Paró con el movimiento luego de unos minutos pero continuó con los ojos cerrados. El chirrido de otra hamaca moviéndose se coló por sus oídos, era lo suficiente fuerte como para establecer que provenía de la hamaca consiguiente a la ocupada por el. Se escuchaba pausado...lento.

De pronto, una brisa refrescó el cálido ambiente, con ella, una risa.

Se erizo completamente, como un gato en acecho. El corazón se le acelero sin razón alguna, temió abrir los ojos. Parte de el sabia que, o mas bien quién, se encontraba allí. Lo presentía con cada uno de sus sentidos. 

Se levantó de un audaz movimiento, caminó unos pasos. Cuando se sintió lejos del escenario anterior, logro abrir lo ojos. Cerró lo mano apretando los puños y comenzó a dar lentos pasos hacia su casa. Una cosa eran aquellos dibujos, otra muy distinta era lo que acababa de ocurrir.

El sentimiento de incomodidad no se disipó en ningún momento. El camino hacia su casa fue tedioso. Se volvía sobre su propios pasos, observaba sobre su espalda, completamente perseguido. 

Cuando llegó a la puerta de su hogar esta le pareció mas grande de lo normal, incluso llegó a darle miedo. Buscó la llave en su bolsillo, la insertó en el agujero de la puerta, notando la inestabilidad de su pulso. Entró deshaciéndose de su abrigo, lo tiró a un costado y se acostó, cayendo en un instantáneo sueño. 

El cálido toque de aquella mano lo hizo sonreír, ladeó su cabeza en busca de maximizar aquel contacto, quería hacer eterna aquella situación. El silencio predominaba, pero no era incómodo, no lo ponía nervioso... calmaba cada una de su fibras corporales. Abrió los ojos y observó con atención en busca de alguna imperfección. Temía que aquello no fuese humano. Lo ojos ajenos lo observaron con la misma atención. Lo labios de ambos se curvaron formando una sonrisa, como si fuesen un espejo. Apoyó su mano en la de ella disfrutando de la tercia piel. El era humano, de carne y hueso. Y como cualquier otro humano los deseos carnales eran dominantes. Se acercó al rostro de la adversa, buscó sus labios, dirigiéndose a estos. Ella los abrió dándole a entender que no pondría resistencia. Las respiraciones se mezclaron, haciendo cada vez mas real aquel momento. Antes de poder finalizar con aquello, la joven susurro algo sobre sus labios para luego esfumarse en la niebla que se admiraba. El vació volvió a el. Gimió y gritó desde lo mas profundo de su ser, con toda la potencia que fue capaz. 

Esa noche se despertó jadeando, completamente sudado. Esa noche no volvió a pegar un ojo. Esa noche había quedado plasmado en el, como una enorme cicatriz, una verdad que lo perseguía. Una verdad de la cual no era capaz de huir como lo venia haciendo. La repuesta que incluso negaba en el presente, se hizo material, tocando la puerta de su corazón. Se había enamorado de ella. La que comenzó siendo la protagonista de sus dibujo. Aquella que penetró sus sueños, llenando cada espacio vació en su mente.

Suspiró cansado y se dirigió a su escritorio, los pies le pesaban, respirar le pesaba, su existencia le pesaba. Tomó los dibujos para observarlos detenidamente. Una lágrima salió de sus ojos recorriendo su seca piel. Caminó hacia el comedor. Allí encendió la chimenea con la mano desocupada. Pensó en su situación. La soledad lo había transformado en un ser fácil de penetrar, su necesidad de compañía lo había engañado, convirtiéndolo en una asquerosa presa. Siseo palabras de desprecio que solo fueron audibles para el mismo, a continuación, arrojó las ilustraciones a la luz encandilante del fuego. No tardaron ni dos segundos en desaparecer, logrando que la llama se hiciese aún más resplandeciente. Caminó hacia el despacho otra vez. Se detuvo en la puerta, observó la chimenea desde allí mientras hablaba con fuerza... Para el, para convencerse; para ella, para convencerla. 

-No puedo hacerte real. 

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{Dedicación única y particular al cara de bebe que me inspira con sus lindos dibujos, te quiero.}

i can't make you real | one shot |Stories to obsess over. Discover now