Caminaba por la calle un pobre infeliz,
buscando la esencia del camino que él solo escogió.
Parecía triste, con la mirada caída al suelo,
palabras de preguntas sin respuesta susurraba.
Cuando la lagrima salada se le escurrió por la mejilla,
un feliz que venia por la misma calle del sentido contrario,
le ofreció el pañuelo que sacó de su bolsillo.
Deprisa, el triste se secó la lagrima,
preguntándose ¿por qué? ese desconocido le dio su pañuelo,
sin que le pidiera nada a cambio.
Como nunca contestaba a sus propias preguntas,
guardó el pañuelo y siguió su camino.
Detrás de el, el feliz le dijo, que no pasa nada,
lo puede guardar porqué conociéndole a el.
seguro el pañuelo no lo va a necesitar mas.
Se perdió en el horizonte el triste,
pobre de el, esta vez tampoco comprendió,
que las preguntas existen para responder.
Aún le veo pasando, por la calle Tristeza,
preguntándose a si mismo pero sin responder,
¿por qué? el no puede ser feliz por una sola vez....
