El hombre huía desesperado y angustiado, casi sin fuerzas para continuar. Notó que le faltaba el aliento, y tras encontrar una vieja fábrica abandonada, tomó aire y se ocultó en su interior. Escondido detrás de unas máquinas oxidadas, respiró tranquilo al creerse seguro. Creyendo ya evitado el problema, se vió sorprendido por sus perseguidores, y sintiendo un inmenso dolor en la cabeza se desmayó.
Al despertarse, se encontraba solo, sentado en una silla y con las manos atadas. Miró el suelo y se vió reflejado en unos pedazos de espejo rotos. Volcó la silla, sintiendo como se le clavaban los cristales y traspasaban su piel como un alfiler un traje. Consiguió cojer uno y comenzó a cortar la cuerda. Pero cuando casi se había separado la última hebra, una sombra le arrebató el cristal rajando le la palma de la mano. Notaba como la ardiente sangre goteaba por su dedo corazón. Reunió toda la fuerza que pudo, rompió la cuerda, cogió un cristal y le rajó la cara. Sorprendentemente, sintió dolor, dolor físico. Pensó que serían remordimientos, pero se puso frente a frente con la persona y se descubrió en el rostro de su rival.
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La identidad
SpiritualMetáfora de la lucha interna causada por la elección entre la propia identidad y actuar cómo los demás esperan que lo hagas.
