15 de abril de 2016.
Sentía las sombras sobre ella.
Como una maldición.
Como una avalancha de dolor e impotencia que justo instantes antes de estallar contra su piel, se disolvía colándose por sus poros e invadiendo todo su ser.
Aún se preguntaba de dónde salía tanta fuerza, cómo podía quedarse parada en una esquina, mientras notaba cómo se estaba despedazando por dentro; como una roca justo en la cima de una cascada, sintiendo como el agua la golpeaba vez tras vez, rauda como el viento, empujándola a caer, mientras ella, luchando contracorriente, intentaba mantener las piernas firmes, cuando aún el agua seguía erosionándola.
No podía evitar imaginarse desde el otro lado, compadeciéndose de sí misma, agazapada en un rincón, escondiéndose del mundo que tanto daño la había hecho.
Sola.
Su respiración y ella.
Y, sin embargo, sentía tantas miradas sobre su piel, tantos zapatos entre las sombras, tantas voces que la acusaban, minimizando sus lágrimas.
Tan pequeña...
Tan insignificante la hormiga frente a los crueles pies.
Cómo podía alguien hacerle tanto daño a otra persona sin siquiera ponerle un dedo encima.
Ya nada la hacía feliz.
Sólo quería huir. Huir lejos. Lejos de todo. Todo lo que se le clava en la carne sin piedad.
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Querido Quien Seas
RandomHe pedido ayuda a gritos y sólo el silencio ha sido capaz de responder... Así que, aún sabiendo que ya es muy tarde... Querido Quien Seas, esto es mi carta de socorro.
