Carta de Confesión.

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Todo se veía brillante y un color rojo al final del pasillo; mi madre tomó una forma de negro maligno, lo único que podía divisar eran los blancos ojos callados, corrí a mi cuarto y el espejo se transformó en una enorme puerta de donde salió ella: Anne. La habitación estaba tan bien iluminada por una lúgubre luz que proyectaba sombras falsas, yo estaba abrumado de miedo. Miré a todos lados buscando ayuda pero nadie apareció.

Me desperté lleno de sudor y mis manos estaban atadas a una camilla para no quitarme los cables que tenía conectados en mi pecho.

-Estás al borde de la locura- dijo mi madre mirándome con desprecio. No lo quise creer. Nada de lo que hago parece hacer la diferencia, intento actuar como ellos pero parece imposible.

Hace dos meses y tres días, sentado afuera de mi casa divisé a una chica, ¿qué puedo decirles? No supe si era real, todo lo que lograba ver en ella era perfecto. Soy capaz de recordar la ropa que ella llevaba puesta, el vestido ajustado de cintura y largo que le llegaba cuatro dedos bajo su rodilla y su feo chal marrón; recuerdo que tenía el rímel corrido de ambos ojos, como si acabara de despertar de una horrible pesadilla; su boca se abrió automáticamente y dudo que ella se haya percatado de eso. Jamás quiero olvidar ese día, en el que yo estaba destruido y ella llegó a cambiar mi vida.

Al día siguiente, en la noche mientras fumaba mi último cigarrillo del día, escuché una fina voz femenina, pero no logré entender qué decía y entonces me asusté, porque pensé que aquellas extrañas voces habían regresado a mi cabeza. Salí a mirar con el cuerpo temblando y ahí estaba ella, mirando la luna, pero sus ojos no mostraban nada más que oscuridad, me daba lo mismo si era real o no, con tal de verla, para mí estaba bien. Y así siguieron pasando mis días, sentado en la terraza esperando que su hermosa figura apareciera en la luz de la luna y no sentía miedo, porque ella me había quitado el único infierno que ninguna persona desearía tener y que nadie había logrado detenerlo: la esquizofrenia.

Me sentía bien con ella y aunque mi madre decía que los locos no se enamoran, yo ya había caído a sus pies.

-No quiero romper tu corazón- me dijo ella un día. -voy por ahí, conociendo personas y dejándolas infelices.

-Cuando uno se enamora de verdad, uno se enamora para toda la vida- le murmuré. -no me pidas que me aleje de lo único que me mantiene cuerdo.

Pensé que nos hacíamos más fuertes, pero en realidad nos íbamos destruyendo de a poco.

El 5 de Agosto fue la última vez que la vi sonreír, pensé que yo la estaba comenzando a hacer feliz, pero las cicatrices de su piel y la sangre derramada en el piso del baño me dijo lo contrario, ella había muerto. Era todo lo que quedaba en esta miseria; la recuerdo tan bien, su sonrisa, sus palabras, el color de su piel, su aroma, y esos ojos que brillaban cada vez que me miraba. Sé que jamás la volveré a ver, jamás volveré a tocar su rostro y sus delicadas manos; nunca más un beso, nunca más una caricia. Simplemente se fue, dejando un vació en mi interior y un mar de preguntas en mi cabeza. Si hay una vida después de esta, espero verla ahí y volver a enamorarme de ella, como el primer día en que la vi.

Ahora estoy aquí, encerrado en una habitación sin salida, como un ratón de laboratorio, escribiendo mi último sentimiento antes de ir por ella.

¿Qué es lo que en realidad soy, un loco... o un cuerdo?

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⏰ Last updated: Nov 12, 2016 ⏰

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