Recuerdo la primera vez que lo vi, lo recuerdo perfectamente. Me encontraba en mi cafetería favorita en la Placita de la Santa Cruz en Sevilla, estaba de visita en casa de mi abuela y me quedaría aproximadamente un mes y medio, casi dos, ya que tenía un año y medio que no la visitaba.
Se sentó en una mesa que quedaba enfrente de la mía, pidió un café y escribía en una libreta con pasta negra. Me llamo la atención, era raro para mi ver a alguien escribiendo en una libreta usualmente están en el celular haciendo cualquier cosa. Usaba una camisa verde y debajo de ella una playera de color negro, ambas dobladas de las muñecas hasta los codos, llevaba unos pantalones de mezclilla rotos y unos tenis, sin duda alguna era un chico inusual para mí, en esa cafetería usualmente van chicos vestidos de traje y chicas con ropa elegante, nadie iba vestido de la manera en que él lo estaba.
Me daba curiosidad que era lo que escribía, estaba tan concentrado escribiendo que solo volteaba a ver su taza de café cada vez que tomaba un sorbo. Tenía que irme se me haría tarde si no me iba y había quedado con mi abuela para ir de compras a ella le encantaba que fuéramos de compras juntas.
Pedí la cuenta, pagué y me fui, el chico en ningún momento volteo a verme cuando me iba, supongo que ni siquiera se había dado cuenta de mi presencia, era un chico interesante a mi parecer.
Al día siguiente se me había hecho tarde, tenía que acompañar a mi abuela al aeropuerto por una de sus amigas que venía de visita, pero, lo olvide por completo y para cuando desperté ella ya se había ido, pensé que si iba a buscarla la encontraría cerca y así poder llevarla. Me vestí lo más rápido que pude y salí corriendo de casa, iba tan rápido que choqué con alguien, era él mismo chico que estaba en la cafetería el día anterior.
-Disculpa, voy distraída y llevo prisa, no me fije que venías, lo siento- le dije mientras me apartaba un poco de él.
-No te preocupes- me dijo, no tenía ninguna expresión- ten más cuidado.- Después de decirme eso siguió caminando y se fue.
Sin duda alguna era un chico bastante extraño, no tenía ninguna expresión cuando choqué con él, ni siquiera un poco de enojo, solo me vio de reojo y después volteo a otro lado.
Después de caminar mucho y llegar a la parada de autobús me di por vencida, no pude encontrar a mi abuela, probablemente ya estaba en el aeropuerto y yo solo deseaba que no se molestara conmigo cuando regresará.
Regrese a casa, probablemente mi abuela regresaría en dos horas y no había nada de desayunar así que fui de nuevo a la cafetería a comer algo.
Llegué y pedí un café con una rebanada de pay de zarzamora, y me senté como siempre en mi lugar favorito, después de unos minutos llegó el mesero con mi café y el pay, mientras comía note que el chico con el que había chocado en la mañana y el que había estado en la cafetería un día antes, regreso, regreso a la cafetería y se senté en el mismo lugar que el día anterior, en una mesa que quedaba enfrente de la mía, pidió un café nuevamente y sacó su libreta después de unos minutos comenzó a escribir de la misma manera con la que lo hizo el día anterior. Decidí observarlo parecía un chico tímido sin duda alguna, introvertido y solitario, después de un rato se levantó, pidió la cuenta, pagó y se fue.
Después de ese día comencé a ir todos los días solo para observarlo, en ocasiones iba en las mañanas y en otras iba por la tarde, siempre a escribir, no sabía ni tenía las más mínima idea de que era lo que escribía pero lo hacía con tanta pasión que cada vez me daba más curiosidad.
Durante una semana lo observe, hasta que un día aquella libreta en la cual escribía con tanto fervor, la olvido encima de la mesa, espere unos cuantos minutos en mi lugar para ver si no regresaba, pero al parecer realmente se había olvidado de ella, decidí levantarme de mi lugar e ir por ella, la tome, pedí la cuenta y me fui.
Camine unas cuantas calles y me senté en una banca, el momento que tanto había esperado estaba frente a mí, pero sentía que leer todo lo que él escribía sin su consentimiento estaba mal, así que solo hojee unas cuantas páginas para ver si había algunos datos sobre él. En la última hoja de la libreta decía "Lysandro" y traía escrito un número de teléfono, sin pensarlo dos veces marqué el número y alguien me contestó.
-Bueno.
-Disculpa ¿Quién habla?- me dijo en un tono serio y bastante cortante.
-Hem, me llamo Gia y encontré una libreta de pasta negra, busqué los datos del dueño en ella y encontré este número de teléfono, supuse que...- me interrumpió, comenzaba a ponerme nerviosa y también comenzaba a arrepentirme de haber marcado.
-Gracias, Gia, ¿Cuándo puedes entregármela?
-Pues esta misma tarde si te parece...- De nuevo me interrumpió.
-¿Vas todos los días a la cafetería no es así?, entonces mañana por la tarde te veo ahí.
-Exactamente a qué hora.
-A la hora que siempre vas los miércoles. Nos vemos.
Después de eso colgó, a que se refería con eso, ¿Acaso sabía a qué hora iba todos los días? ¿Quizás sabía que lo observaba siempre? No, era imposible, él siempre se la pasaba escribiendo en su libreta y nunca volteaba a verme ni siquiera de reojo.
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Tu Libreta Pasta Negra, Tu Mirada Que Envenena.
Romance"Era un chico bastante raro, era interesante pero frío, aunque ya me había acostumbrado a su forma de ser y estaba bien, a mí me gustaba..."
