De camino al hospital, miró por la ventana del coche carmesí. La vista era hermosa, sí, pero tantas veces recorriendo las mismas calles y mirando los mismos paisajes volvía el viaje muy aburrido, pero la belleza se mantenía ahí a pesar del tiempo. Volvió a su lugar para tomar su mochila verde amarillenta y revisar su contenido, tomó su cámara fotográfica y se dispuso a tomar una foto de tan maravillosa vista, pero la voz de su madre se lo impidió; ya habían llegado a su destino.
Abrió la puerta y bajó con su mochila al hombro, su cámara colgaba de su muñeca y la esperanza de salir temprano de tal lugar emanaba de su sonriente rostro. El hospital era muy grande a su parecer, y su imaginación le hacía pensar que en los últimos pisos los doctores y enfermeras discutían sobre lo que harían con ella ese día. Sonrió, por lo menos su doctor le dejaba dibujar después de cada revisión.
- Nance, no te quedes atrás. Sabes que llegar tarde a las revisiones es de mala educación. -Su madre, de melena lacia y corta se acercó a la niña para poder tomarla de la mano y seguir el camino que restaba hasta recepción. - ¿Sabes? Si todo va bien en el trabajo, tu padre y yo estaremos para la cena -Los ojos avellana de Nance se clavaron con entusiasmo en los de su madre. Hace mucho que no comían en familia. -, aunque eso depende de cómo te encuentre el doctor Alex. -Nance sonrió más de lo que debería, pues sabía que su salud estaba mejorando poco a poco.
- ¿Podremos comer trufas? -Preguntó, pero tuvo que esperar la respuesta al ver el mesón de recepción enfrente de ellas. - No, a papá no le gustan... -Se detuvo a pensar, su padre odiaba las trufas pues por culpa de una casi se ahogaba y, si moría asfixiado, iba a faltar a la reunión con su jefe y otros empresarios. Siempre que veía una el recuerdo le atacaba, provocando en él nauseas y ganas increíbles de vomitar todo lo que había consumido en el día; por muy poco que fuese. - ¿Qué tal crepes de chocolate? A todo el mundo le gustan las crepes, ¡y más si son de chocolate! -Su madre le sonrió con dulzura, asintiendo antes de comenzar a caminar hacia el ascensor. - Oh, ¡y también podrían llevar fresas! Ya sabes, también a todo el mundo le gustan las fresas, ¡y más si se trata de mi padre!
- Claro hija, llamaré a Jhon para que las haga. -Al entrar, presionaron el botón e instantáneamente las puertas se cerraron. - Nance, hoy no harás nada fuera de lo común, así que quiero que obedezcas al doctor en todo y que cooperes para que no tengas que quedarte en el hospital para más revisiones, ¿me entendiste?
- Claro que sí, mamá. Siempre doy todo de mí, pero sabes que mi salud no es la mejor. -Su madre la miró, a lo que la niña sonrió como siempre. - ¡Alex me lo dijo! Pero en realidad no me importa, porque yo soy fuerte y puedo con la quamiterapia.
- Quimioterapia, hija.
- Eso -Ambas rieron al mismo tiempo en que las puertas del ascensor se abrían, dejando a la vista un pasillo blanco con enfermeras y pacientes caminando de aquí para allá. -, me gustaría sacar una foto a esto, no todos los días el pasillo esta tan tranquilo. -Su madre la miró, dejando caer en su fino rostro un mechón caoba de su cabello. - Usualmente los llantos de los bebés se escucha hasta aquí, y también la de sus padres. Es muy bonito, pero oírlo todos los días aburre. Me gusta ir a ver a los bebés cuando están durmiendo, claro que sólo si el doctor me deja, jaja... -Desvió su vista al sentir la mirada acusadora de su madre. Tal vez debió de omitir esa parte.
Al caminar entre la gente y llegar a la habitación que habitualmente visitaba, pudo ver que una doctora corría velozmente por el pasillo hacia la sala de urgencias. Nance miró con curiosidad una pequeña mariposa que revoloteaba por encima de las personas, desprendía luz propia y sus alas tenían impresas unas extrañas marcas. Cuando vio que su madre comenzaba a hablar con su doctor, se separó de ellos y caminó hacia donde minutos había ido dicha doctora. El llanto de una mujer le hizo pensar en el estado inerte del paciente, aunque solamente lo pudo confirmar al asomarse cuidadosamente por la puerta que accidentalmente habían dejado abierta.
- Pobre... -Era un niño de tal vez su misma edad, la sangre cubría los guantes de las enfermeras. y el bisturí que la doctora traía en manos también estaba manchado en la punta, pero eso no era lo que más llamaba su atención, si no que era el hombre que los veía desde un rincón de la habitación rodeado de las mismas mariposas blancas que hace minutos había visto. - Wow. -Era demasiado alto y su piel era exageradamente blanca. Su cabello estaba muy ordenado, a excepción de dos mechones que caían a los costados de su rostro; era un toque adorable según Nance.
- ¡Nance! -Rápidamente la niña se volteo, mirando a su madre con cierta alegría que en ella nunca desaparecía. - ¡Por Dios! Me asusté un montón al ver que no estabas en la habitación, el doctor pensó que te habías escapado como otras veces. -Nance rió, tomando la mano de su madre que segundos atrás le había extendido. - Al llegar a casa hablaremos muy seriamente sobre tus escapes. -Suspiró, pero relajo su expresión y tironeo con amabilidad a su hija. - No vuelvas a hacer eso, ¿esta bien? -Sonrió serena.
- Sí, mamá. -Volteó su rostro hacia donde había visto a tal hombre, pero para su sorpresa, ya no se hallaba ni él ni las mariposas que antes había visto revolotear por allí.
Tal vez la próxima vez que lo viese lo saludaría.
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Between Two Path
FanfictionCuando menos lo esperas, la vida te abandona y la muerte te acecha. « Todo en exceso es malo, por ejemplo: la vida. » ⇨ Pronto tendré una portada decente :'u ⇨ Créditos a The Snipster por crear AMOLAD (A matter or Life and Death) uvu Tapastic: htt...
