Prólogo

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Serás el presidente de Conceptos durante un año - dijo el licenciado santa María

Haciendo una pausa dramática para alzar los ojos del testamento de Humberto Mendiola y mirar a Fernando Mendiola, el hijo mayor del fallecido --. Tendrás que convencer a Leticia Padilla Solís para que regrese y sea tu asistente personal.

Las palabras del abogado hirieron a Fernando como si le hubiesen disparado a quemarropa. Se recostó en el respaldo de la silla, incapaz de respirar.

-Dios mío, no...

El abogado no se inmuto. Haber trabajado tantos años con su padre debía de haberle dejado insensible a ese tipo de reacción.

-Si te niegas a hacerlo, no solo perderás tu parte de la herencia de tu padre - continuo el abogado --, sino que tu hermana y tu hermano correrán la misma suerte. En realidad, si alguno de los tres no cumple las obligaciones estipuladas en el testamento, tengo ordenes de vender los negocios de Humberto, sus propiedades y todo su dinero a Domenzaín producciones por 100 pesos.

¡¡MALDITO!! Pensó Fernando frotándose las manos y levantándose de la silla. Tenía que haber imaginado que el viejo iba a encontrar la manera de hacerl3es a todos la vida imposible, incluso desde la tumba

Domenzaín producciones es el principal competidor de Conceptos y su presidente siempre ha sido el enemigo más encarnizado de mi padre.

-Soy consciente de ello.

Como si fuera un animal enjaulado, Fernando deambulo inquieto por el salón de la mansión Mendiola con los puños cerrados. Observando a su hermano y a su hermana y vio en sus rostros algo más que temor y pánico. Vio resignación y, en el caso de su hermano frustración e ira contenida.

Estaban esperando a que saliera huyendo igual que había hecho cinco años antes. El que desde entonces se hubiera negado a hablar con ellos había conseguido que hubieran perdido su confianza en él. Sin embargo, si había cortado toda comunicación, había sido para no mezclarles en la guerra que había librado con su padre.

Fernando lucho por librarse de la invisible camisa de fuerza que le aprisionaba. Se lo debía a Omar y Marcia.

-Cualquiera menos ella-dijo mirando de nuevo al abogado---. Cualquiera menos Leticia Padilla.

Tres semanas después de que ella le hubiera declarado su amor y le hubiese pedido pasar el resto de su vida a su lado. Leticia había huido en pos de fortunas más prometedoras al ver que él no era capaz de comprarle el anillo de compromiso que quería.

-Lo siento, Fernando-dijo el abogado---. Humberto insistió en que debía ser la señorita Padilla.

Aquello era típico del déspota de su padre. Siempre había sentido una envidia atroz por todo lo que él había conseguido, y había hecho todo lo posible por quitárselo para después, tirarlo despreocupadamente, como un gato dejando el cuerpo sin vida de un ratón en su madriguera.

-¿Y si ella se niega?- pregunto Fernando sospechando que esa iba a ser la reacción de Lety

-En ese caso, tendrás que hacer que cambie de opinión. No hay escapatoria.

Otro callejón sin salida. La frustración le carcomía por dentro como si fuera acido

-Impugnare el testamento- anuncio.

­-Si alguno de los tres lo hace, lo perderán todo- le advirtió el abogado sin pestañear

Fernando tenía ganas de golpear algo. Su padre se había encargado de dejarlo todo atado y bien atado antes de caer fulminado por un ataque al corazón tres días antes, en la cama de una de sus amantes. Debía de haber alguna escapatoria. Tenía que encontrarla.

Fernando puso los puños sobre la mesa y miro al abogado.

-Antonio, sabes tan bien como yo que mi padre debía estar senil para redactar este testamento.

-No lo estaba Fernando- replico su hermano, Omar, antes de que el abogado pudiera decir nada-. Le conocía. Trabajaba con él todos los días. De no haber desaparecido, tu también lo sabrías- añadió sin ocultar su enfado.

-Puede que papá fuera un hombre insensible e inmoral, pero no estaba loco-dijo Marcia asistiendo para expresar su conformidad con las palabras de Omar.

-¿y tú por qué protestas?-le pregunto Fernando a Omar señalándole con el dedo---. El presidente deberías ser tú.

-Papá decidió que fueras tú- respondió conteniéndose.

- No tiene sentido- dijo Fernando--. Tú siempre fuiste su favorito, su mano derecha. Yo en cambio, era su saco de boxeo.

Nunca le había golpeado físicamente, pero si había competido despiadadamente con él en los deportes, en los negocios y en lo relativo a las mujeres.

-Esta nueva filosofía de todos o ninguno me parece una estupidez-dijo Fernando--. Sobre todo viniendo de alguien que pasó toda su vida alejándonos de él.

- Parece que a la hora de morir, ha querido asegurarse de que estaremos unidos-apunto Marcia.

-Durante el último año-carraspeo Antonio---, Humberto se dio cuenta de que había cometido algunos errores. Lo que pretende ahora es que le ayuden a rectificar.

-¿Seguirá dirigiendo nuestras vidas desde el infierno?-pregunto Fernando, sintiendo el peso del testamento de su padre como una losa sobre sus hombros.

<No sé a qué pretendes jugar ahora viejo pero te ganaré>, pensó Fernando.

-Lo haré - anuncio mirando fijamente a su hermano--. Volveré a Conceptos y le haré a Leticia Padilla una oferta que no podrá rechazar.


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